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4 grandes cambios en Reino Unido 10 años después del referendo sobre su salida de la Unión Europea (y qué tan posible es ahora su regreso al bloque)

Paula Rosas - BBC News Mundo | Martes 23 junio, 2026


Londres
Getty Images

Hace exactamente 10 años, un terremoto político, económico y social sacudió Reino Unido cuando una ajustada mayoría de votantes apoyó la salida del país de la Unión Europea (UE) bajo la promesa de un futuro mejor en solitario.

Muchos de los que votaron a favor del Brexit buscaban una mayor soberanía para tomar sus propias decisiones políticas, comerciales o económicas sin la intervención de Bruselas, así como reducir la inmigración o ganar peso en el escenario geopolítico internacional.

Una década después, la Unión Europea ya no marca la pauta de las decisiones británicas, pero muchas de las consecuencias de aquel divorcio se alejan de lo que los promotores del Brexit vendieron a sus votantes.

El número 10 de Downing Street ha visto pasar a seis primeros ministros en esta década, y espera a su séptimo este mismo verano después de que Keir Starmer anunciara este lunes su dimisión, algo insólito en las últimas décadas.

Abandonar el mayor mercado común del mundo ha tenido también importantes consecuencias para la economía y el comercio británico, y no ha reducido los flujos migratorios, sino que los ha aumentado, cambiando profundamente su composición.

Esto hace que muchos de los que hace diez años votaron a favor de abandonar la UE ahora se arrepientan de su decisión, según las últimas encuestas. Entre los que no pudieron votar, aquellos jóvenes que aún no habían cumplido la mayoría de edad pero que vivirán con las consecuencias del Brexit, el deseo de regresar a la unión es apabullante, de acuerdo con los sondeos.

Estos últimos diez años han sido muy convulsos en todo el mundo. La pandemia y la guerra de Ucrania sacudieron las economías mundiales en general, no solo la británica. La fragmentación política y el auge del populismo tampoco son únicos de Reino Unido, sino una tendencia que se ha asentado en muchos países del mundo.

Pero los expertos advierten de que en Reino Unido, el Brexit ha acentuado todos los efectos perniciosos de esas corrientes mundiales.

Una manifestación contra el Brexit en Londres.
Vuk Valcic/SOPA Images/LightRocket via Getty Images
Una manifestación contra el Brexit en Londres.

1. Inestabilidad política

Durante décadas, Reino Unido fue un reducto de predictibilidad y estabilidad. Conservadores y laboristas se sucedían en el poder en un país marcado por el bipartidismo y sin demasiados dramas.

Los votantes acomodados de clase media se inclinaban por los conservadores mientras que las clases trabajadoras lo hacían por los laboristas. El Brexit hizo estallar esa dicotomía al introducir un nuevo eje: marcharse de la UE o permanecer.

Desde entonces, seis primeros ministros -a la espera del séptimo-, han intentado dirigir el barco británico sin lograr mantenerse, en el mejor de los casos, más de dos años al timón.

Keir Starmer frente al 10 de Downing Street en el momento de anunuciar su dimisión.
EPA
Keir Starmer, el sexto primer ministro desde el referéndum del Brexit, dimitió este lunes tras solo dos años en el cargo.

"El Brexit ha sido tóxico para la política británica", explica a BBC Mundo la profesora Jun Du, directora general del Instituto de la Productividad británico.

Para la economista, la salida de la UE ha acentuado las divisiones que ya existían antes del referéndum, y "ha traído consigo situaciones más caóticas, más división en la política y en la economía social, con un impacto profundo, persistente y fundamental".

Si, como dicen, los referendos los carga el diablo, nadie mejor para ejemplificarlo que el que fuera primer ministro hace justo una década, David Cameron, quien se convirtió en la primera víctima política del Brexit.

Convocó el voto con la esperanza de que los británicos apoyaran su postura de permanecer en la UE y se acallaran las voces populistas habían surgido a la derecha de su partido, lideradas por Nigel Farage y algunos conservadores.

La cosa no le salió bien.

Cameron dimitió y a su sucesora, Theresa May, le tocó negociar con la UE un divorcio durísimo, con un Parlamento dominado por diputados que se oponían al Brexit y un gobierno que se había puesto el objetivo de poner en marcha la separación en una fecha concreta, lo que también le costó el puesto.

Le siguió Boris Johnson, uno de los conservadores que más ardientemente había hecho campaña a favor del Brexit, y que también acabó dimitiendo, aunque en su caso por los escándalos de las fiestas que se organizaron en la sede del gobierno durante la pandemia.

Su reemplazo, Liz Truss, se convirtió en la primera ministra británica que menos tiempo pasó en el cargo, apenas 45 días, después de que el plan económico que vislumbró para el país pusiera nerviosos a los mercados e hiciera que la libra se desplomara.

La siguió Rishi Sunak, quien tuvo que acarrear las consecuencias de todos esos fracasos y llevó a su partido al mayor batacazo de la política británica desde la Segunda Guerra Mundial en las elecciones de 2024.

Ganaron los laboristas, que llevaron a la jefatura del gobierno a Keir Starmer pero, sobre todo, perdieron los conservadores, lastrados por las promesas incumplidas del Brexit, los escándalos reputacionales y una economía estancada.

Pero también por la irrupción en la política británica del partido populista de derechas Reform UK, liderado por Nigel Farage, al que el Brexit dio un argumentario y una plataforma política, y que ha drenado las filas de votantes conservadores.

Ahora el propio Starmer acaba de dimitir tras dos años al frente del gobierno, y abandonará Downing Street tan pronto como su partido elija un reemplazo.

Starmer prometió acabar con el "caos" de la política británica, pero el alto coste de la vida, varios escándalos y la debacle electoral de las últimas elecciones locales, en las que Reform UK arrasó, han alimentado un motín dentro del propio Partido Laborista, y Starmer no ha aguantado la presión.

Para Jill Rutter, investigadora sénior del Institute for Government, "puede que eso no se deba al Brexit, pero es difícil afirmar que los cambios políticos de los últimos diez años no hayan influido en ello", escribe en un informe elaborado con motivo de los diez años del Brexit.

2. Avance de la derecha antiinmigrante

La fragmentación política no es un fenómeno único de Reino Unido, como tampoco lo es el auge de los partidos populistas de derechas, uno de los acontecimientos políticos más significativos del siglo XXI en los países occidentales.

Pero en Reino Unido, argumenta Anand Menon, director del centro de análisis UK in a Changing Europe (Reino Unido en una Europa cambiante), el Brexit se convirtió además en un factor que "podría haber facilitado el actual auge del apoyo a los partidos populistas".

Nigel Farage riendo.
PETER POWELL / AFP via Getty Images
La formación populista de derechas de Nigel Farage, Reform UK, que defiende un programa de expulsiones masivas de migrantes, encabeza actualmente las encuestas en Reino Unido.

Mientras que en 2019 los dos partidos gobernantes tradicionales obtuvieron el 76% del voto popular, esta cifra cayó al 58% en las elecciones de 2024, disminuyendo aún más en todas las elecciones desde entonces con el ascenso de Reform UK en la derecha y los Verdes en la izquierda, apunta Jill Rutter.

El embrión del partido que lidera Nigel Farage surgió tras la crisis de 2008. Entonces se llamaba UK Independence Party, y tenía como objetivo principal abandonar la UE.

Su ascenso en las encuestas llevó a David Cameron a convocar el referéndum del Brexit con la esperanza de acallarlos con una victoria en las urnas. Esto no sucedió y, lejos de hacer que la llama que portaba Farage se apagara una vez conseguido su objetivo, las ideas de la formación permearon el Partido Conservador.

El Brexit cambió los ejes de la política británica y, aunque el divorcio ya está consumado, esas líneas polarizadoras se mantienen ahora con otro asunto: la inmigración.

Para Sam Freedman, "la inmigración ha sustituido al Brexit como tema que polariza a las mismas coaliciones (electorales)", señala este investigador del Institute for Government.

Quienes antes consideraban que la raíz de los problemas de Reino Unido radicaba en la Unión Europea, ahora culpan a los migrantes.

Actualmente, es muy probable que quienes consideran que expulsar inmigrantes debería ser la prioridad número uno del gobierno votaran en su momento a favor del Brexit, y que sean, además, "de más edad, de raza blanca, en su mayoría hombres y con un nivel educativo más bajo", señala Freedman.

De hecho, Reform UK se asocia ahora mucho más con sus promesas de expulsar inmigrantes de forma autoritaria que con Europa, un tema que, aunque siguen defendiendo, ya no plantean como algo central de su programa.

3. Aumento de la inmigración (contra lo que buscaban los promotores del Brexit)

El auge de Reform UK y la infiltración de su agenda política en los programas del resto de partidos no hace sino reforzar algo que ya era evidente en 2016: controlar la inmigración fue uno de los grandes alicientes para muchos de los que votaron a favor del Brexit.

Abandonar la UE otorgó al gobierno británico la libertad de definir sus propias políticas migratorias. Desde entonces, ha introducido un sistema de puntos y ha igualado las condiciones para ciudadanos de la Unión Europea y de fuera

Pero, aunque Reino Unido "recuperó el control" -como decía uno de los eslóganes del Brexit- para decidir quién entra y quién se queda fuera de sus fronteras, desde luego no funcionó como los votantes habían anticipado, explicaba a BBC Mundo en 2024 John Curtice, investigador del National Centre for Social Research.

Manifestantes con banderas de Reino Unido y de Inglaterra.
Andrea Domeniconi/SOPA Images/LightRocket via Getty Images
Las manifestaciones antiinmigración se han reproducido a lo largo y ancho del país en los últimos años.

"Los votantes claramente pensaban que al dejar la Unión Europea habría menos inmigración", señaló Curtice, quien es profesor de Políticas en la Universidad de Strathclyde y uno de los mayores expertos en comportamiento electoral de Reino Unido.

Nada más lejos de la realidad.

Desde el referéndum del Brexit en 2016 y la victoria de los conservadores en 2019, Reino Unido ha experimentado el mayor aumento de población desde la década de 1960.

En 2022 hubo un récord de migración neta (la diferencia entre los que llegaron y los que se marcharon) con 764.000 personas más, según la Oficina Nacional de Estadísticas (ONS, por sus siglas en inglés). La cifra descendió un poco en 2023, pero siguió siendo muy elevada: 685.000 migrantes más.

Mientras que la llegada de migrantes procedentes de la Unión Europea, que habían sido mayoritarios hasta entonces, se redujo drásticamente, la de no comunitarios se disparó.

El gobierno se vio obligado a endurecer las normas para obtener un visado, lo que redujo la migración neta a 171.000 en 2025.

Según datos de UK in a Changing Europe, el Brexit había reducido el número de empleados originarios de la UE en aproximadamente 785.000 para 2024, lo que equivale a cerca del 2,6 % de la fuerza laboral total de Reino Unido.

Sin embargo, en esa misma fecha el número de empleados extracomunitarios había aumentado en unos 992.000 con respecto a antes del Brexit.

En otras palabras, el Brexit redujo sustancialmente el empleo de migrantes procedentes de la UE y aumentó de forma considerable el de personas de fuera de la UE.

Sin embargo, el número total de trabajadores extranjeros "fue solo ligeramente, aunque significativamente, superior al que habría sido si Reino Unido hubiera permanecido en la UE", argumentan Jonathan Portes y John Springford, analistas de este centro de estudios.

Como señala Jill Rutter, los distintos gobiernos desde el Brexit pudieron establecer nuevas normas de inmigración "y ahora no pueden eludir la responsabilidad por las consecuencias".

4. Fuerte impacto en la economía y el comercio

El Brexit se materializó el 1 de enero de 2021 tras un año de transición, en plena pandemia del covid y un año antes de que Rusia invadiera Ucrania, desatando una crisis energética que terminaría por sacudir las finanzas mundiales.

En medio de estas turbulencias globales a muchos les resultó difícil distinguir qué parte del batacazo se podía atribuir al Brexit.

Pero la pandemia terminó y, aunque la guerra de Ucrania aún continúa, el resto de las economías comparables han remontado mejor que la británica.

Un cartel con una imagen de un barco hundiéndose en el que está escrito Reino Unido Brexit.
Brook Mitchell/Getty Images

Para la profesora Jun Du no existe ninguna duda: "El Brexit ha sido terrible para la economía británica".

Que el impacto del Brexit fue en términos generales pernicioso para la economía es, de hecho, una opinión no solo compartida por la mayoría de economistas, sino respaldada por los datos. "A estas alturas ya existe un excelente conjunto de estudios que documentan, analizan y estiman estos efectos", señala.

El más reciente, llevado a cabo por un equipo dirigido por el profesor Nick Bloom, de la Universidad de Stanford, y basado en datos del Banco de Inglaterra, señala que la economía de Reino Unido sufrió un impacto del 6% en su Producto Interno Bruto (PIB) por los efectos del Brexit.

Otros estudios amplían este impacto hasta el 8%.

El equipo de Bloom examinó los datos que el Banco utiliza para fijar los tipos de interés, y analizó la pérdida de crecimiento intentando reconstruir cómo habría crecido Reino Unido si no hubiera votado a favor de abandonar la UE.

El estudio concluyó que aproximadamente la mitad del impacto económico se debió a la sorpresa e incertidumbre del periodo posterior al referéndum, mientras que el resto se puede atribuir al aumento de las barreras comerciales tras la salida de Reino Unido de la unión aduanera y el mercado único europeos en 2021.

Sin embargo, algunos críticos afirman que el estudio no tiene plenamente en cuenta el rendimiento superior de los sectores de inversión y tecnología de EE.UU., ni la crisis energética que sufrió Europa hace cuatro años.

Recientemente, el gobernador del Banco de Inglaterra, Andrew Bailey, afirmó que, como consecuencia del Brexit "el nivel de actividad y crecimiento de la economía fue menor".

"La razón es que, al reducir el tamaño de los mercados con los que comerciamos, es decir, al reducir nuestros mercados de exportación, esto tiende a tener un impacto negativo en el crecimiento", afirmó, y agregó que la productividad y el tamaño del mercado también se vieron afectados.

Sin embargo, Bailey señaló que, si bien el impacto en los servicios financieros "no fue positivo", éste no fue "tan perjudicial como muchos predijeron en su momento".

En cuanto al comercio, "el impacto negativo es constante, persistente y muy fuerte", sostiene Jun Du, quien ha estudiado este aspecto en profundidad.

"Vemos que, de media, las exportaciones de Reino Unido a la UE han caído alrededor de un 23% y las importaciones, alrededor de un 17%", precisa.

¿Regreso a la UE?

Esta última década no ha sido fácil para Reino Unido y, diez años después del Brexit, la mayor parte de los británicos no solo consideran que fue un desastre, como demuestra la última encuesta del European Council on Foreign Relations (ECFR), "sino que se muestra abierta a una nueva relación con Europa que hasta ahora parecía impensable", señala su informe.

El 52% de los encuestados hoy votaría para unirse a la UE, cifra que se eleva al 70% entre aquellos que eran demasiado jóvenes para votar en 2016. Además, el 57% considera que fue un error abandonarla.

Una joven vestida con los colores de la bandera de la Unión Europea.
Wiktor Szymanowicz/Future Publishing via Getty Images
El 70% de los encuestados que eran demasiado jóvenes para votar en el referéndum de 2016 se uniría a la Unión Europea.

Tener una relación más estrecha con Bruselas también formaba parte del programa electoral de Keir Starmer, quien inició un progresivo acercamiento a sus antiguos socios que muy probablemente continuará su sucesor.

Aunque aún no está claro quién será el nuevo inquilino del número 10 de Downing Street, todo apunta a que podría ser el ahora exalcalde de Mánchester, Andy Burnham, quien en el pasado ha mostrado su deseo de que Reino Unido se reincorpore a la UE "a largo plazo".

Pero, como señala la profesora Jun Du, el programa electoral del Partido Laborista dejaba muy claro que la línea roja es no volver a la UE, ni al mercado único, ni a las uniones aduaneras.

"Así que, a menos que Andy Burnham sea lo suficientemente valiente como para romper el programa electoral —lo cual no creo que vaya a suceder—, ese es el límite. Por lo tanto, lo que se puede conseguir —lo que se podría llamar 'acercarse a la UE'— es probablemente algún tipo de alineación dinámica en determinados sectores o en ciertos ámbitos", argumenta la economista.

En un país donde Reform UK lidera las encuestas y donde hasta los partidos que en su día pelearon por mantenerse en la UE, como los laboristas, han hecho las paces con el divorcio y ya solo buscan mejorar la relación, que una mayoría de encuestados quieran volver a formar parte del exclusivo club resulta paradójico.

Pero el "el caótico panorama de 2026 es significativamente diferente al de 2016 y, en muchos sentidos, más sombrío e inquietante para un país como Reino Unido, con la amenaza latente de (Donald) Trump, Vladimir Putin y Xi Jinping", señala Mark Leonard, director de ECFR.

Existe una discrepancia entre "la imagen que los británicos tienen de su país y la realidad", apunta Jun Du. En el imaginario colectivo "se la ve como un actor muy fuerte en el panorama político y económico internacional", señala la directora general de Instituto de la productividad, "pero en realidad, Reino Unido es una potencia media, dependiente del comercio y cada vez más aislada en el mundo".

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