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Miércoles, 28 de enero de 2026



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"En Marruecos o Argelia nos llamaban 'los africanos' (...) Hay una negrofobia que se nutre de demostrar que hay una África blanca y luego el resto"

Diana Massis - BBC News Mundo@HayFestivalCartagena | Miércoles 28 enero, 2026


Sani Ladan mira a la cámara.
Gianfranco Trípoli

Cuando en el Centro de Internamiento de Extranjeros intentaron cambiarle su nombre por el de Pedro, porque era más fácil, Sani Ladan se negó en un español perfecto. Había aprendido la lengua en Ceuta, el enclave español en África, mientras esperaba ser trasladado a Tarifa, en el sur de España.

El viaje desde su Camerún natal había tardado dos años; tenía 15 cuando, sin decirle a su familia, tomó unos pocos ahorros y se fue rumbo a Nigeria por un paso no autorizado. Quería estudiar, aprender, formarse, algo que le resultaba imposible en su país.

La ruta lo hizo seguir hacia Níger, después a Argelia; dejó amigos en el camino, vivos y muertos. Fue víctima de las mafias, viajó apiñado en camiones y caminó el desierto hasta alcanzar Marruecos para dar el salto a Europa.

Así relata ese momento en su libro "La luna está en Duala y mi destino en el conocimiento":

"Llegamos a la playa marroquí y, sin pensarlo dos veces, a las diez de la noche en pleno invierno, nos lanzamos al mar (...) Poco a poco aumentó el número de agentes de la Marina Real marroquí con lanchas en el mar. Nos pegaban con las porras en el cráneo mientras intentábamos sacar la cabeza del agua y respirar porque aún nos quedaban unos metros para llegar a la orilla de Ceuta. Al mismo tiempo, la Guardia Civil española, desde el lado de Ceuta, nos disparaba pelotas de goma."

En el cruce, Sani Ladan, ahora de 31 años, perdió el conocimiento, pero finalmente logró llegar donde quería. Hace 15 años que vive en España, se graduó en Relaciones Internacionales, fue asesor del Ministerio de Derechos Sociales, es educador, activista por los derechos humanos y divulgador de la realidad de su continente a través de conferencias y de su podcast "África en un click".

Dos años después de su partida, ya en España, recién se sintió capaz de contactar con su casa en Duala, en Camerún:

"Estaba tan nervioso que había olvidado marcar antes el +237, el código de Camerún. Volví a intentarlo y, justo cuando empecé a oír el tono de la llamada, colgué, muerto de los nervios. 'A la tercera va la vencida', me dije. Llamé de nuevo, y esa vez mi madre descolgó enseguida.

—Allô! ¿Quién es? —dijo dos veces.

—Allô, Yadiko, soy Sani! —respondí tras una pausa, entre lágrimas.

—¿Mi Sani? ¿Dónde…? —No acabó la frase y se puso a llorar desconsoladamente".

BBC Mundo habló con Sani Ladan en el marco del Hay Festival de Cartagena, que se celebra entre el 29 de enero y el 1 de febrero en la ciudad colombiana.

Línea gris.
BBC

¿Cómo recuerdas esa llamada?

Es una sensación que no se puede describir, intento recrearla, pero se me pone la piel de gallina y siento escalofríos; son momentos únicos.

Fue un renacer escuchar la única voz en el mundo que me tranquiliza, que me da paz: la voz de mi madre; escucharla en ese momento era una forma de decir: "Tranquilo, has llegado; no hay castigo, sino que hay comprensión"; una voz de comprensión, una voz de ternura.

Durante tu travesía desde Camerún cruzaste muchas fronteras, ¿cómo relatarías ese viaje tuyo?

Mi proceso migratorio fue largo, ojalá no hubiese sido de esa manera.

A veces la gente nos dice: "¿Y por qué no vienen legalmente?" Pues ojalá hubiese vías legales y seguras desde nuestros países de origen para poder migrar. Creo que jugarse la vida no se hace por gusto, la gente no quiere morir en el Mediterráneo.

Fue duro por la edad en que salí, sin decírselo a nadie, ni a mis padres; la soledad del camino, las heridas del camino, el hecho de que madures; sobre todo a los menores, el proceso migratorio y el sistema te obligan a ser adulto antes de tiempo.

Vas sorteando, aprendiendo y lo definiría como una lección de vida porque ese proceso sigue acompañando cada gesto que hago y nutriendo todos mis pasos, para mantener los pies firmes en la tierra y la cabeza en los hombros: sé de dónde vengo, todo lo que ha pasado y el no querer que la gente pase por esto es lo que me sigue motivando.

Portada del libro de Sani Ladan "La luna está en Duala y mi destino en el conocimiento".
Editorial Plaza & Janés

En tu libro dices: "Sé que cuesta asimilar que estuviera dos años sin dar noticias a mis padres...". ¿Qué te hace continuar el viaje en silencio?

Fue para no añadirles más disgusto a lo que estaban pasando. Vengo de una familia muy familia, donde a las diez de la noche todo el mundo tiene que estar en casa, protegido, con cobijo; lo tenía todo, y era consciente de que mi ausencia estaba generando mucho dolor.

Entonces, como iba avanzando y tenía la meta de llegar a un sitio, formarme y seguir formándome, eso me cegó. Cada vez que iba avanzando y había dificultades, era tarde también para poder llamarles.

He retomado el contacto desde mi llegada y todo está muy bien. Hace un mes estuve en Camerún visitando a la familia, pero aún sigo en esa búsqueda, porque salí en busca de conocimientos y no me he saciado, así que tengo que seguir.

Se percibe España como un país que trabaja por la integración de los inmigrantes donde se les reconoce su aporte. ¿Cómo se vive desde dentro?

España ha sabido vender su relato, la verdad, pero bajo este gobierno hubo la mayor masacre de la historia de la frontera terrestre en Europa, la masacre de Melilla [Según Amnistía Internacional, el 24 de junio de 2022 alrededor de 2.000 personas trataron de cruzar la frontera, al menos 37 fallecieron y hay 76 desaparecidos].

Los discursos son bonitos y se puede pensar que el gobierno trabaja muchísimo por la integración, pero dentro te das cuenta de que estamos ante un sistema obsoleto; muchas de las respuestas son improvisadas. Y da igual el migrante que llega, la manera en la que llega, los proyectos o los sueños que trae, es un sistema estándar, así se matan muchos talentos.

Hay un punto de vista utilitarista que no se materializa en políticas públicas que faciliten su inclusión: necesitamos vuestra mano de obra, pero como desechos, sin derechos. Lo llaman programa de inmigración circular: hacen venir gente a los sectores de trabajo que no quieren los españoles y cuando terminan de sostenerlos tienen que volver a sus países, como un pañuelo de utilizar y tirar.

Las organizaciones civiles han llevado una lucha para regularizar a quienes estuvieron en primera fila durante el Covid, pero el gobierno se negó.

Y ahora con la posición de la Unión Europea, del Reino Unido, vemos que la propia sociedad premia a los partidos que castigan a los inmigrantes. Cuanto más duro es, más votos le van a dar y la política migratoria se va endureciendo, porque si se ajusta a los derechos humanos, la sociedad les va a castigar; ese pragmatismo no tiene que ver con un color político, es estructural, son políticas cada vez más restrictivas para evitar lo que ellos llaman el efecto llamada.

¿Por qué permaneces en España? ¿Fue por las familias que te acogieron? Podrías haber continuado a Francia, Alemania o Reino Unido…

El motivo principal es la gente que he ido conociendo, España para mí es esta gente. No tengo otra definición del país fuera de esa familia y cuando digo familia, digo familias, porque es muchísima gente la que me ha hecho sentir hijo, hermano, sentir que estás en casa.

Y también porque empecé una lucha para formarme y poco a poco, poniendo los ladrillos, vi que había ido creando una especie de cosmos que me lo permitía, entonces ¿por qué no quedarme?

Sami Ladan mira a la cámara
Gianfranco Trípoli

¿Ves una diferencia en términos de acogida entre los inmigrantes que llegan desde África y los de América Latina?

Hay medidas que favorecen la migración latinoamericana. Por ejemplo, en el tema de adquirir la nacionalidad, son dos años (de residencia) y también con Guinea Ecuatorial. España aplica esa política con sus antiguas colonias.

También escuchamos discursos, sobre todo de partidos de derecha, que hablan de una migración más o menos aceptada por esa cercanía, pero es pragmático porque saben que a partir de dos años pueden votar; pero los mismos que la prefieren hablan de un problema de desorden público y de inseguridad a través de las bandas latinas.

Luego entra la islamofobia, pues los latinoamericanos son católicos y esto es en oposición a los otros que generalmente son los musulmanes, los moros, los del norte de África.

Por último, está la migración de las personas negras africanas, vista como de los bárbaros, o sea, la visión del constructo del negro violento.

¿Qué sientes sobre esa idea de los bárbaros?

La historia explica cómo se trata cada migración, porque la mayoría es desde las excolonias hacia la metrópolis.

La visión de las colonias era la de un sitio donde llego, cojo lo que tengo que coger y me voy. Y los colonizados están condenados al confinamiento, ése es su lugar.

Cualquier acto de migrar desde la colonia hacia la metrópolis es un acto de resistencia y de rebeldía, ya sea legalmente o de manera irregular.

Y si lo trasladamos a una mirada más racial, el negro es un sujeto históricamente estático, el negro es un sujeto al que hay que disciplinar; de ahí los látigos en la época de la esclavitud.

Cuando decides salir queriendo desafiar al sistema, tengo que hacer lo que históricamente he hecho: disciplinarte, de ahí la utilización de la violencia en la frontera que se ha normalizado hacia ciertos cuerpos, los cuerpos negros en este caso. Por eso podemos ver la masacre de Melilla: cuerpos apilados, ensangrentados, y no pasa absolutamente nada.

Evidentemente que te hiere, pero cuando entiendes el proceso histórico, pasas de la herida a plantear un debate serio.

Muchísima gente migrante, gente negra y racializada, está haciendo pedagogía; siendo víctima, tienes la responsabilidad o te responsabilizan de hacer pedagogía a tu verdugo, con eso lidiamos en el día a día.

Fotocita de Sami Ladan.
BBC

En el primer capítulo del podcast "África en un click", citas un discurso del expresidente francés Nicolás Sarkozy donde dice: "La mayor tragedia de África es que el hombre africano no ha entrado lo suficiente en la historia". ¿Por qué la destacas?

Causó revuelo en su momento; de hecho, hay un libro de varios autores africanos que se llama África responde a Sarkozy.

No podemos decir que África es la cuna de la humanidad y al mismo tiempo que no ha entrado lo suficiente en la historia; tenemos que ponernos de acuerdo.

Y luego lo simbólico del lugar donde lo dice, la Universidad Cheikh Anta Diop, que es uno de los mayores historiadores del continente. Fue de los primeros que mostró el origen negro de los antiguos egipcios, cuando nos han dicho que las pirámides las hicieron incluso los extraterrestres, para no reconocer que las hicieron personas negras.

La frase al principio te irrita, pero luego dices "vale, vamos a desmontar todo esto". Y la idea del podcast es volver a situar a África en el lugar del que no tenía que haberse desplazado desde hace siglos.

¿Sientes que África es una gran desconocida?

Desde Europa tenemos la idea de una África estática, pero es un continente dinámico, a tan solo 14 km de las costas españolas.

Estudié Relaciones internacionales y apenas estaba presente. En mis clases veía la omnipresencia de los Estados Unidos y de la Unión Europea, y luego, cuando nos muestran África en televisión, es a través de prejuicios coloniales y racistas que perpetúan una imagen distorsionada. Solo se habla de las guerras o de la llegada de las pateras a las costas.

De ahí la idea de acercar la auténtica y la verdadera África.

No es que esté negando que existan esas realidades, pero centrarse en ellas es reduccionista. Hay movimientos juveniles, políticos, avances digitales y de lucha en todos los sentidos: en el medio ambiente, en los derechos de las mujeres.

Este foco permite reconocer su complejidad; Yibuti no tiene nada que ver con Senegal, ni Gambia con Camerún, ni Marruecos con Sudáfrica.

Es un continente con 55 países reconocidos por la Unión Africana, con 30 millones de km², más de 100 millones de habitantes y 2.000 lenguas; reducirlo a guerras, hambre y sequía es distorsionar.

Hoy la juventud está determinada a llevar su voz donde haga falta y a sentarse de tú a tú, porque ha entendido que en la relación histórica con otras regiones, sobre todo con Europa, hubo mucha falta de respeto. Le están diciendo: "Ojo, hay un cambio de paradigma y si no lo veis va a ser tarde cuando queráis corregir las cosas".

¿Cómo se pueden corregir desde tu punto de vista?

Hay que evaluar la relación porque se hizo mucho daño y no solo fue Europa, sino también algunos dirigentes africanos y es importante señalar esa responsabilidad.

África debe ser una voz que se escuche, porque de los 193 países que representan la Asamblea General de las Naciones Unidas, tiene una buena parte de ellos.

Y dejar de verla como una despensa donde cogemos las materias primas y nos vamos; apoyando facciones para crear guerras, porque cuanto más conflicto haya, más fácil es sacar esos recursos.

Entendemos que cada actor tiene sus intereses, pero debe ser una relación equilibrada porque si no, la ruptura va a ser violenta.

Me gusta utilizar la metáfora de que Europa está sentada encima de África y el día que África decida levantarse bruscamente, Europa va a tener que caer de alguna manera.

Que ese levantarse se haga de manera justa, entendiendo que África se tiene que oír y que Europa no debe estar siempre imponiendo sus intereses y verlo como un continente al que hay que ayudar, porque los estudios demuestran que las ayudas de las que tanto se habla tampoco se materializan.

Estudiantes cameruneses vuelven de la escuela en Yaundé.
MARCO LONGARI/AFP via Getty Images
En África existen múltiples realidades, con movimientos juveniles, políticos, avances digitales y de lucha en todos los sentidos que no pueden obviarse, opina Sami Ladan. En la imagen, un grupo de estudiantes cameruneses en Yaundé, la capital.

También cuestionas el término África Subsahariana, como si hubiera una división entre el norte y el sur. ¿Se rechaza o se acepta esta etiqueta?

En el día a día no tiene ningún efecto, es más para las organizaciones internacionales, los gobiernos, las ONG.

Es una palabra, por cierto, racista y una forma de decapitar el norte, más cercano a la civilización, a Europa. Antes fue África tropical, África negra, varios términos que no cuadraban, entonces, se acuñó África subsahariana.

En esa decapitación se junta Oriente Medio, que también es una forma colonial de llamar a esa región como MENA: Middle East and North Africa.

Recuerdo que cuando estaba en Marruecos o en Argelia, nos llamaban los africanos. Tomé conciencia de mi negritud cuando llegué al norte de África. Hay una negrofobia que se nutre de separar al continente y demostrar que hay una África blanca y luego está el resto: primitivos, bárbaros y todo lo que podemos llegar a imaginar.

Participas en debates, colaboras con medios de comunicación y fuiste asesor de Ione Belarra cuando fue ministra de Derechos Sociales en España. Sin embargo, dices: "Me llamaron, fue una oportunidad increíble, pero no se espera que yo esté en este tipo de espacios." ¿Todavía sientes eso?

Sí, sin ninguna duda, en muchos sitios, pero aquí más todavía, porque en otros países de Europa es diferente, en el Reino Unido, en Francia, en Bélgica, hay cosas que se les pueden criticar, pero España está a la cola. ¿Dónde se espera verme? En Almería, en Huelva, en los invernaderos, recogiendo frutas, recogiendo verduras, o como mucho en la construcción, trabajos muy dignos, que los hace muchísima gente porque quiere o porque no tiene otra elección.

Hay una acogida estándar. Si planteas otra cosa, ya empiezas a ser un problema, por eso decía que no estaba en mi sitio. Es más, me lo recordaban cada dos por tres a través de comentarios, de gestos, cuando iba al Congreso, a veces en la propia entrada del Ministerio con los que guardan la puerta; en encuentros o viajes institucionales.

Soy consciente de que he pisado espacios donde no se me esperaba y hay que estar preparado, no solo profesionalmente, sino mentalmente, porque nadie nos prepara para un acto racista, un acto de desprecio, nadie nos prepara para reaccionar; tenía que ir afinando mis respuestas.

Y cuando estás en esos lugares se sobreentiende que es para llenar el cupo de diversidad, no por tus méritos. Al final te ves obligado a ser impoluto, a hacer dos o tres veces más, para que no se encuentre una mínima cosa que pueda justificar el decir: "Veis, esta persona está ahí para llenar el cupo de diversidad".

No es agradable, pero siempre he ido con la cabeza muy alta, porque si te agachas se te cae la corona.

No es por prepotencia, sino porque de lo contrario, te van a quitar todo mérito; también para demostrarme que merezco estar, que no ha sido un regalo y para que niños, niñas y jóvenes como yo sepan que esos espacios pueden pertenecernos.

El partido Podemos te ofreció entrar en la política, pero decidiste que no. ¿Es definitivo?

Sigo diciendo que no, un no firme. Me he formado en política y no me niego a trabajar asesorando porque tengo mayor margen para decidir cómo y hasta dónde quiero colaborar, con más libertad que poniéndome en primera fila, y en la parte técnica sé que mi voz llega más cuando estoy detrás.

También tengo una visión de futuro hacia África, que no se conjuga necesariamente en España; el vínculo seguirá aunque me marche, porque es un país que me ha aportado a nivel personal y profesional, pero no quiero llegar tarde cuando realmente se tenga que jugar el futuro del continente.

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