"Es una ciudad a la que le gusta su monarquía": qué dice la elección de la Reina del Carnaval de Barranquilla sobre las jerarquías por estratos de Colombia
José Carlos Cueto - Corresponsal de BBC News Mundo en Colombia | Lunes 16 febrero, 2026
"En Barranquilla hay un carnaval de día y otro de noche. En el día nos juntamos todos, pero en la noche la Reina Popular vuelve a su barrio. Esa no se queda en el Country Club".
El club al que se refiere el investigador Edgar Rey Sinning es uno de los espacios más exclusivos de Barranquilla, la ciudad caribeña que acoge el famoso carnaval de Colombia.
Es también entorno habitual de la Reina del Carnaval, que a diferencia de la Reina Popular, seleccionada entre barrios populares, se asocia a la élite.
"La Reina del Carnaval ha sido elegida históricamente por una élite agrupada en clubes privados y se convirtió en vehículo para lograr prestigio y rédito político", dice Rey, de la Universidad Simón Bolívar.
La elección se produce desde 1918. No fue hasta los 40 que tras la presión de sindicatos obreros se creó el reinado popular para representar a sectores menos acaudalados, explica Rey.
Desde entonces estos reinados no se unifican, sino que coexisten y, según fuentes consultadas por BBC Mundo, exhiben dos Barranquillas: una elitista e influyente; otra barrial y comunitaria.
"Es una fotografía de cómo funciona la sociedad barranquillera, que aunque ha crecido mucho sigue moviéndose, en gran medida, en clave de dinastías familiares, apellidos y clubes", describe la periodista Tatiana Velásquez, del medio La Contratopedia Caribe.
La dirección del Carnaval le aseguró a este medio que muchos no ven como algo negativo que la Reina provenga de clases acomodadas.
"A la gente le gusta que la reina sea rica porque sabe que habrá más fastuosidad, pero muchos no comprenden la entronización y dominación política detrás", añade Andrea Jiménez, periodista que ha cubierto carnavales y elecciones de reinas.
Un carnaval "horizontal"
Barranquilla se engalana cada año para su carnaval en los cuatro días que preceden al Miércoles de Ceniza. Se celebra desde hace más de un siglo como herencia del mestizaje de culturas africanas, europeas e indígenas en el Caribe.
En 2003 fue declarado como Patrimonio por la Unesco y en 2025 lo visitaron un récord de casi 800.000 personas.
La edición contó, además, con la participación de Shakira, la barranquillera más universal.
Juan José Jaramillo, director del Carnaval, discrepa de que la coexistencia de una reina de la élite y otra del pueblo muestre desigualdades.
"No lo siento así. La fiesta es un gran laboratorio socioeconómico donde todos nos vemos reflejados y distingo una derrama económica que llega a todos los bolsillos", comenta Jaramillo.
"Hay una relación entre la Reina del Carnaval y la procedencia de familias a lo mejor más acomodadas económicamente. No es un requisito como tal, pero la verdad que es un trabajo que al mismo barranquillero le gusta que sea así. Parece mentira, pero es una ciudad a la que le gusta su monarquía", defiende.
Es una visión que la periodista Jiménez comparte a medias.
Sostiene que el carnaval de Barranquilla le parece "más horizontal" que otras fiestas colombianas, pero admite que no se puede ser reina "sin apellidos, dinero, o 'membresía del Country Club'".
Al resto de barranquilleras, dice, le queda el reinado popular.
Este se elige por concurso y jurado. Una gala final decide la ganadora entre 36 participantes de barrios populares.
Jaramillo las pone en valor: "son embajadoras culturales de sus barrios y hacen parte de la corte de la Reina del Carnaval".
Una vez elegidas y concluido su mandato, cuenta Jiménez, las reinas del carnaval pasan de tener la vida social asegurada a ampliar su exposición pública, convirtiéndose en empresarias o influencers.
"Las populares también adquieren visibilidad y plataforma, pero en menor medida. Al final, el espíritu es representar a una joven que de verdad viene del pueblo, pero que no puede costear lo de la reina central", resume.
Nacidas para reinar
Para elegir a la Reina del Carnaval, Jaramillo explica que primero se celebra una reunión con los padres de la candidata, explicándoles en qué consiste el reinado, y luego una junta decide la ganadora.
"Durante un año se convierte en la gran embajadora de la ciudad", dice el director.
La Reina de 2026 es Michelle Char Fernández, de 23 años. Fue capitana juvenil del Country Club y desde pequeña ha estado vinculada al arte y la danza.
Es familiar del alcalde de la ciudad, Alejandro Char, quien desde 2008 ha ocupado tres veces el cargo.
Los Char son una familia de ascendencia sirio-libanesa que figura entre las más ricas de Colombia, también con notoria presencia política.
Dirigen empresas como el Grupo Olímpica –patrocinador del carnaval– y son máximos accionistas del equipo de fútbol Junior de Barranquilla.
Esta no es la primera vez que una Char lleva la corona. "Hay apellidos que se suceden en las coronaciones por años, como monarquías hereditarias", recuerda Rey.
"Tampoco quiere decir que Michelle no tenga talento y carisma. Al César lo que es del César. Conecta mucho con la gente", aclara Jiménez.
Colombia es uno de los países más desiguales de América Latina, según datos del Banco Mundial.
A través de la historia, unos contados apellidos han concentrado el poder político y económico del país y sus regiones.
"Como con las elecciones locales, todos saben quién ganará el reinado. Hay un hábito de reproducción del poder aceptado por la sociedad y las reinas se preparan para ello desde pequeñas", comenta Jair Vega, sociólogo de la Universidad del Norte en Barranquilla.
Aunque desde fuera pueda verse como nepotismo, Vega comenta que muchos lo legitiman por los altos costos de reinar que incluyen pagar vestidos, eventos, desplazamientos e imponentes puestas en escena.
"Gente ilustre en Barranquilla como el cantante Checo Acosta no pudo conseguir que su hija fuese coronada. Hay que soltar como 800 o 900 millones de pesos (alrededor de US$245.000)", dice Rey.
Para este 2026, Sharon Acosta, una de las hijas del artista, sí fue coronada como Reina del Carnaval de los niños.
¿Vehículo político?
Pregunto a Jaramillo si alguna vez se ha planteado unificar los reinados.
"Nunca se ha hablado porque eso sería matar al carnaval de la esencia del barranquillero", responde.
Desde comienzos de 2000, el carnaval y la coronación empezaron a transmitirse por televisión. Años después se amplificó el evento con la eclosión de las redes sociales.
Los vestidos, shows y bailes se volvieron más espectaculares y aumentó el escrutinio público sobre las reinas.
"Entonces algunos actores políticos se percataron de que había un capital cultural a explotar; también un relato político", dice Jiménez.
BBC Mundo no tiene constancia de una relación directa entre el reinado y beneficios políticos concretos.
Sin embargo, a lo largo de la historia varios apellidos de reinas coinciden con figuras políticas o económicas de peso.
Además de los Char, la hija del senador Efraín Cepeda, Daniela Cepeda, fue soberana en 2013.
Y la familia Gerlein, entre las más ricas del Atlántico, ha tenido varias monarcas.
Rey dice que dentro de la burguesía local han sido frecuentes las tensiones para elegir a la nueva soberana, sin que este medio haya podido comprobarlo de forma independiente.
"Quien lo vive es quien lo goza"
Barranquilleros que hablaron con BBC Mundo aseguran que son varios los momentos de celebración en que se difuminan los estratos tan marcados en Barranquilla y el resto de Colombia.
La ciudad, la cuarta más grande del país, ha reducido su índice de desigualdad hasta colocarse por debajo de urbes como Bogotá, Medellín y Cali en los últimos años.
Sin embargo, cifras como la pobreza extrema han aumentado y se sitúan entre las más altas a nivel nacional.
El sociólogo Vega reafirma que el carnaval es escenario de debate político y de representación territorial que se desarrolla de forma estratificada.
"Aunque culturalmente es un espacio donde todos confluyen, no se da de la misma manera. No es igual quien puede pagarse el palco o entrar a una danza determinada en ciertos eventos", explica.
Jiménez pone sobre la mesa otra discusión. Opina que la mediatización del reinado ha distorsionado la visión del carnaval y que "muchos creen que la fiesta es la reina".
"Sin duda, la coronación de la reina es un show que rebasa todas las posibilidades de lo que era en el pasado. Hay una escenografía que muestra diferencias sociales", complementa Rey.
Son debates que, durante cuatro días de fiesta, quedan en segundo plano. "Quien lo vive es quien lo goza", dice el famoso refrán del carnaval.
Y para gozar, defenderán muchos, poco importa si es en la calle o en los selectos clubes de Barranquilla de donde suele provenir la Reina del Carnaval.
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