Evaristo Márquez, el campesino afrocolombiano que conquistó a la crítica internacional por su protagonismo en una película con Marlon Brando (y cómo terminó su vida)
William Márquez - BBC News Mundo | Sábado 28 marzo, 2026
"El primer actor colombiano de Hollywood", era como solía definirse Evaristo Márquez. Aunque un tanto exagerado (hubo por lo menos dos compatriotas suyos que aparecieron en las pantallas estadounidenses antes que él), definitivamente fue el primer afrocolombiano en coprotagonizar una película internacional nada menos que con Marlon Brando, el mejor actor de su generación.
Evaristo Márquez era un campesino sencillo de un pueblo remoto en el norte de Colombia que, sin ninguna experiencia actoral, sin siquiera haber ido a una sala de cine, fue seleccionado por el reconocido director italiano Gillo Pontecorvo para su épica película "Queimada", filmada principalmente en la histórica ciudad de Cartagena entre 1968-69.
Su actuación fue elogiada por la crítica y aunque protagonizó cuatro largometrajes más, su fama fue efímera y regresó a trabajar el campo en su pueblo, donde se convirtió en una figura popular relatando a los curiosos sus anécdotas del mundo de la farándula con un grande de Hollywood.
Esta es la historia de cómo fue escogido para el papel, de su relación con Brando, los cambios en su vida tras rodar la película y por qué no pudo -o quiso- capitalizar la fama que obtuvo.
Para ello, BBC News Mundo conversó con el músico, actor y líder étnico Enrique Márquez San Martín, hijo de Evaristo, y el periodista y escritor Gustavo Tatis Guerra que conoció y entrevistó a Evaristo Márquez para el diario El Universal de Cartagena.
Palenquero analfabeto
Evaristo Márquez nació el 23 de agosto de 1939, en San Basilio de Palenque, un pueblo a unos 50 kilómetros al sur de la histórica ciudad caribeña de Cartagena, Colombia.
"Era un pueblo metido en la manigua, muy oculto, impenetrable. En esa época, para entrar era por unos 5 kilómetros de vías destapadas", describe el periodista Gustavo Tatis Guerra a BBC News Mundo.
Hijo de campesinos, sin educación formal y analfabeto, Evaristo se dedicaba a sembrar maíz y arrear ganado.
Pero el origen de su pueblo era especial. Fue fundado entre finales del siglo XVI y comienzos del XVII por esclavos cimarrones, como llamaban a los africanos que se fugaban de los traficantes que los vendían en el puerto de Cartagena, en ese entonces el mayor punto del comercio de humanos en el continente.
Los esclavos rebeldes se establecieron en una llanura cenagosa del Canal del Dique, donde protegieron su asentamiento con estructuras de estacas y palizadas, de ahí el nombre de Palenque.
San Basilio de Palenque es considerada la primera población libre de América y su historia de lucha y rebeldía encajaba con el tema del filme que los productores italianos vinieron a rodar en Colombia en 1968.
Ese pueblo aislado, y su humilde hijo palenquero, quedarían vinculados inextricablemente a la épica producción internacional.
"Queimada"
"Queimada" fue la primera película que el radical y brillante director italiano Gillo Pontecorvo realizaba desde su aclamada "La batalla de Argel", rutinariamente incluida en la lista de los mejores filmes de todos los tiempos.
Impulsado por ese gran éxito, llegó a Cartagena con un presupuesto de US$3 millones (una cantidad considerable en esa época) con los que contrató los servicios de un grupo de galardonados artistas: la actuación estelar de Marlon Brando, la composición musical de Ennio Morricone y el guion de Franco Solinas.
Aunque la trama es ficticia, está basada en hechos y personajes históricos. William Walker (Brando), un maquiavélico y megalomaníaco aventurero es enviado por el Almirantazgo Británico a provocar una rebelión de esclavos en una isla caribeña, que es una colonia portuguesa, con la promesa de liberarlos.
Se hace amigo del carismático esclavo africano José Dolores para que lidere la rebelión y ambos forman una relación estrecha. Pero el verdadero fin de Walker es establecer el control británico sobre la isla para la explotación del lucrativo comercio de azúcar.
Traicionado, Dolores prefiere morir en la horca que rendirles pleitesía a los nuevos amos.
La película aborda el colonialismo, el imperialismo y la esclavitud, temas que aludían a los conflictos contemporáneos de Vietnam y la Guerra Fría -de particular interés para Pontecorvo- y respondía al estilo que buscaba, una mezcla de "aventura romántica con el cine de ideas".
Sidney Poitier, el primer actor afroestadounidense en ganar un Oscar por un papel estelar, fue considerado para el rol de José Dolores, pero finalmente descartado por el director.
Así que la producción tenía un problema. ¿Dónde iban a encontrar un actor con el magnetismo, carácter, talla y experiencia para compartir la pantalla de tú a tú con un maestro de la actuación como Marlon Brando?
"Este es el negro que necesitamos"
Gillo Pontecorvo y su asistente Salvo Basile recorrieron la región "en busca de un actor natural, negro, que encarnara el personaje de un esclavizado con dignidad y autenticidad", cuenta Gustavo Tatis Guerra.
Por casualidad, en la carretera destapada que conducía a San Basilio de Palenque, vieron a un campesino local montado en un caballo arreando ganado. Era fornido, de musculatura bien definida, apuesto y de mirada intensa.
"Este es el negro que necesitamos", exclamó Basile entusiasmado, según lo comentó el propio asistente de producción en sendas entrevistas. Era Evaristo Márquez.
Inicialmente, Evaristo malinterpretó el intenso interés que mostraban en él esos extranjeros blancos. "Se sintió señalado y perseguido y salió espantado en su caballo", dice el periodista del Universal.
Los productores italianos lo siguieron hasta el pueblo para indagar sobre él. Los comentarios de los vecinos sobre Evaristo fueron negativos. "Es un flojo, no sabe ni leer ni escribir. ¿Para qué lo van a necesitar?", cuenta Tatis Guerra.
Pero Pontecorvo estaba empecinado. Después de disipar las sospechas y explicar a través de un intérprete de qué se trataba, le hizo unas pruebas de cámara caminando, montándose y desmontándose de un caballo. Finalmente, pudo convencer a Evaristo que dejara su pueblo, su familia y su vida cotidiana durante varios meses para trabajar en la película.
Una revelación
La transición no fue fácil. Lo hospedaron en el exclusivo Hotel Caribe, en la zona turística de Bocagrande. Evaristo jamás había entrado en un hotel en su vida y la alimentación que le daban era muy distinta a la que estaba acostumbrado.
"La comida en Palenque es muy natural, se come lo que se siembra: yuca, ñame, plátano, arroz y pescado y ya", relata Enrique Márquez San Martín, hijo de Evaristo. "Cuando le empiezan a servir esos platos internacionales me dijo que tuvo muchos problemas".
El no saber leer ni escribir fue otro obstáculo en el momento de aprenderse los parlamentos. "Le colocaron un profesor de una universidad, pero no se pudo entender con él porque mi papá hablaba la lengua palenquera (español combinado con dialectos bantúes africanos)".
Finalmente, consiguieron un docente del pueblo que le recitaba los parlamentos que iba a necesitar para la filmación del día siguiente y él los consignaba en su memoria. "Estaba bajo mucha presión", afirmó Enrique Márquez.
Sus primeros intentos frente a la cámara tampoco fueron muy prometedores. "Al principio Evaristo era terrible", le comentó Pontecorvo al destacado crítico de cine Roger Ebert, que entrevistó al director en 1969 durante el rodaje.
"Tenía la cara precisa, la presencia precisa, pero le tuvimos que enseñar hasta a caminar. No tenía idea de lo que estábamos haciendo", expresó el director.
"El segundo día de filmación", continuó Pontecorvo, "el libreto pedía una expresión de ironía… hicimos 44 tomas".
Además, como Marlon Brando sólo hablaba inglés y Evaristo su dialecto, en sus escenas compartidas la estrella estadounidense tenía que codear o hacerle un gesto por fuera de cámara a su coprotagonista colombiano para que iniciara su parlamento.
Sin embargo, después de revisar las primeras tomas del rodaje (rushes, in inglés) Pontecorvo no lo podía creer. Evaristo proyectaba una autenticidad pura y una emoción intensa que competían con las dotes actorales de Brando.
"Evaristo puede manejar escenas de gran complejidad", reconoció el director en su entrevista con Roger Ebert. Y, a partir de entonces, las hacía en una sola toma.
"Las escenas con mi papá eran mucho más rápidas que las que hacían con Marlon Brando", asegura Enrique Márquez. "Como el libreto que se aprendía era esquemático, él le añadía improvisación de su parte y eso le gustaba mucho al director".
La participación de Evaristo en "Queimada" fue todo un suceso en Colombia, llenó de orgullo a su pueblo natal y fue elogiado por la crítica internacional como una revelación.
Comiendo del mismo plato que Brando
A pesar de la barrera del idioma, hubo un gran entendimiento entre Brando y Márquez. El veterano actor quedó muy impresionado con su coprotagonista y de ahí surgió una buena amistad.
"Muy fluida, muy divertida, muy fraternal", señala Gustavo Tatis Guerra. "Además porque Marlon Brando tenía conciencia de equidad, de igualdad social y racial. En esa época, él estaba muy atento a que no se vulneraran los derechos de (las minorías)".
Tatis Guerra relata un incidente que estalló cuando Brando se dio cuenta de que a Evaristo y a los extras colombianos no les estaban dando la misma comida que a él.
"Estamos haciendo una película sobre la esclavitud. Estamos tratando al actor que hace de esclavo como si fuera otro esclavo", dice Tatis Guerra parafraseando a Brando.
Se dio una acalorada discusión entre la estrella y el director italiano, que trató de explicarle a Brando que la comida que le estaban dando a Evaristo y los otros era su dieta tradicional.
Pero Brando no aceptó y Tatis Guerra cuenta que respondió a Pontecorvo con contundencia: "Si no le das el mismo trato que a mí, yo no sigo filmando".
"En la entrevista que hicimos, Evaristo me dijo que hay una escena que no sale en la película donde Marlon Brando le dice a Evaristo, 'vamos a comer del mismo plato'", y eso fue lo que hicieron, recuerda el periodista.
Enrique Márquez San Martín confirma la amistad entre su padre y el actor estadounidense. "Lo elogió muchísimo, incluso Marlon Brando quería llevárselo para Estados Unidos. Le dijo que si se iba con él, seguiría trabajando en el cine".
La verdad es que perdieron contacto y la razón por la cual, todos esos años después, Evaristo Márquez entró en la redacción de El Universal, según Tatis Guerra, fue porque quería aprovechar la entrevista para de alguna manera volver a enlazar con el legendario actor. Nunca sucedió.
Una joya olvidada
"¡Hacer esa película fue algo salvaje!", comentó Marlon Brando del rodaje de "Queimada", refiriéndose a la logística, el infernal calor de Cartagena que le produjo un salpullido, aparte de sus encontrones con Pontecorvo por el trato inferior que se le daba al elenco y equipo colombiano.
Enrique Márquez revela que su padre también le dio problemas a la producción. "Llegó un momento en que enloqueció. Para hacer una escena pedía que le trajeran al hotel a todos sus amigos para estar con él y que les pagaran hospedaje y alimentación".
Tras más de cinco meses de filmación, la película se estaba saliendo de las manos, superando el presupuesto y los financistas, United Artists, amenazaban con despedir a Pontecorvo. Brando regresó a Estados Unidos y el rodaje tuvo que concluir en Marruecos, Francia e Italia.
Debido a problemas de promoción y distribución, a la película no le fue bien en la taquilla, ni en Colombia ni internacionalmente. Sin embargo, con el paso del tiempo ha habido una reevaluación y ahora es apreciada como cine de culto, una de esas joyas olvidadas del cine.
El propio Brando, escribiendo en sus memorias, declaró que en "Queimada" había dado una de sus mejores actuaciones, no obstante haber recibido un Oscar unos años después por su interpretación de "El padrino".
"Oro puro" desaprovechado
Evaristo, por su parte, entre 1970-74 fue contratado para actuar en cuatro películas extranjeras más: "El dios serpiente", "Arde", "Cumbia" y "Mulato". Lamentablemente, la mayoría fueron del género erótico o explotación sexual y no tuvieron mayor impacto. Regresó a Palenque a arar la tierra y arrear ganado.
Gustavo Tatis Guerra lo ve como una oportunidad perdida. "Un actor como Evaristo Márquez era oro puro, pero fue subestimado, ignorado y abandonado".
Otro factor fue, según su hijo, que se dejó llevar por los excesos. "No supe cuánto le pagaron por la película pero para Palenque él era multimillonario", explica. "Compró finca y compró mucho ganado, pero además el alcohol lo controló mucho".
Enrique Márquez tiene anécdotas de su padre despilfarrando su dinero en multitudinarias fiestas, en mujeres y bebida, y que "donde llegaba, asumía el gasto". Pero apunta a la falta de asesoría como la causa de que su carrera no hubiese prosperado.
"Todo el que se le acercó era con la intención de pedirle, de sacarle algo, pero no con la intención de orientarlo. Él me dijo que eso le pesó mucho en la manera como termina su vida", expresa.
No obstante, a pesar del derroche, Evaristo continuó siendo una figura admirada y respetada en su pueblo. A quien le preguntara le contaba sus historias de sus roces con el estrellato y se "convirtió en un formador de jóvenes que intentaban entrar en el cine", afirma Tatis Guerra.
Al final de su vida, participó en dos cortometrajes, "Chimbumbe" y "El tambor mágico", sobre leyendas, historia y cultura de Palenque.
El 15 de junio 2013, Evaristo Márquez murió a la edad de 73 años.
La transformación de Palenque
A pesar de los sueños frustrados, más allá del recuerdo, Evaristo Márquez dejó una huella importante en su pueblo San Basilio de Palenque.
De ser una aldea aislada y abandonada, sin alcantarillado ni agua potable, empezó a recibir atención estatal. Mucho se debió al impacto de su actuación en una película internacional.
"El gobierno se vio obligado a presarle atención a la comunidad", indica Enrique Márquez. Con el tiempo se pavimentaron carreteras, se establecieron servicios públicos e instituciones académicas.
El mundo también empezó a descubrir esta primera ciudad libre de América y en 2001 la UNESCO la declaró Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad y ahora es destino cultural y turístico. "No hay quien viaje a Cartagena que no quiera ir a Palenque", asegura el periodista Tatis Guerra.
De los 19 hijos que tuvo Evaristo Márquez, Enrique fue el único que siguió una carrera actoral y hace ocho años fundó el Festival Internacional de Cine Evaristo Márquez (FICEM) en honor a su padre.
Aunque pequeño, FICEM es un proyecto artístico que combina poesía, música y cine enfocados en la diáspora africana y que "llama a la reflexión, a la concientización y a la formación de jóvenes", según su fundador.
Participan propuestas regionales e internacionales y los eventos tienen lugar en los espacios al aire libre de Palenque.
"Palenque está unido a una historia del cimarronaje y la historia del cimarronaje y resistencia está unida a la historia de mi papá", concluye Enrique Márquez San Martín.
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