La carrera por desentrañar las causas de la migraña, uno de los trastornos menos comprendidos por la ciencia
Sofia Quaglia - BBC Future | Miércoles 04 febrero, 2026
Unas dos veces por semana empiezo a sentir el lado izquierdo de la cabeza como si hubiera demasiado espacio entre mi cerebro y mi cráneo. Al inclinarme, ese espacio se llena con un dolor sordo y líquido. El dolor se arrastra tras el globo ocular, donde se asienta como una daga, y luego baja hasta la mandíbula. A veces, si entrecierro los ojos, me quema y repica en el fondo de la mente. En otras ocasiones, late y golpea, como si tocara y pidiera salir.
Cuanto más dejo que el dolor se descontrole antes de tomar la medicación, más tiempo tardaré en calmarlo y es más probable que vuelva en cuanto pasen los efectos de las pastillas. Es una migraña.
Más de 1.200 millones de personas en todo el mundo podrán identificarse con alguna versión de mi experiencia.
Esta afección neurológica es la segunda causa más frecuente de discapacidad en el mundo.
Sin embargo, a pesar de su frecuencia y sus efectos debilitantes, la migraña sigue siendo, en gran medida, un misterio.
Existen muchas preguntas sin respuesta sobre qué es realmente la migraña, qué la causa y qué se puede hacer para erradicarla de la vida de los pacientes.
"Diría que probablemente se encuentra entre los trastornos neurológicos, o trastornos en general, menos comprendidos", afirma Gregory Dussor, catedrático de Ciencias del Comportamiento y del Cerebro de la Universidad de Texas en Dallas, EE.UU.
Ahora los investigadores están empezando a desentrañar las causas de la migraña e incluso han podido observar cómo se desarrolla en tiempo real en forma de señales eléctricas en el cerebro del paciente.
Mediante estudios sobre genes, vasos sanguíneos y el coctel molecular que se mueve en la cabeza de los pacientes, los científicos están cada vez más cerca de comprender por qué se produce la migraña, cómo se puede tratar y por qué, lejos de ser un molesto dolor de cabeza, es una experiencia crónica que afecta a todo el cuerpo.
Por qué es tan difícil estudiar la migraña
A partir de los siglos XVIII y XIX, la migraña se empezó a considerar un capricho femenino: algo que solo afectaba a mujeres inteligentes, encantadoras y hermosas con "personalidades migrañosas".
Si bien tres cuartas partes de los pacientes con migraña son mujeres, este estigma, que se ha extendido durante siglos, ha frenado la investigación sobre la migraña y ha hecho que la financiación sea crónicamente insuficiente.
"La gente pensaba que era una enfermedad de histeria", explica Teshamae Monteith, jefa de la división de cefaleas del Sistema de Salud de la Universidad de Miami, en EE.UU.
Incluso hoy en día, muy pocas universidades cuentan con centros sólidos de investigación sobre la migraña, y las inversiones en este tema son escasas en comparación con las que se dedican a otras afecciones neurológicas.
Sin embargo, la carga psicológica, física y económica de la migraña es muy real, afirma Monteith.
Si bien la migraña es más común durante los años más productivos de la vida, entre los 25 y los 50, quienes la padecen tienen más probabilidades de faltar al trabajo, perder su empleo y jubilarse anticipadamente.
Datos de Reino Unido sugieren que una persona de 44 años con migraña le cuesta al estado US$27.300 adicionales al año en comparación con alguien sin migraña, lo que significa que la migraña cuesta cada año US$17.000 millones a la economía pública en general.
Uno de los desafíos de estudiar la migraña es la amplia gama de síntomas que puede presentar.
Como la mayoría de las personas afectadas por migraña, soy una mujer en edad fértil.
Los ataques son un elemento habitual en mi vida cuando tengo la menstruación.
Mi dolor de cabeza suele afectar el lado izquierdo y empeora con el movimiento.
Está precedido por una fuerte sensibilidad del olfato y, a veces, siento el hombro y el brazo izquierdos congelados.
Sin embargo, otros pacientes experimentan síntomas como náuseas y vómitos, vértigo, dolor de estómago y mayor sensibilidad a la luz y al sonido.
Más de la mitad de los pacientes experimentan fatiga extrema, mientras que algunos tienen antojos de alimentos específicos. Otros bostezan excesivamente en las primeras fases.
Alrededor del 25% de los pacientes experimentan auras, visiones de destellos brillantes e irregulares o imágenes borrosas como fugas de luz en una cámara.
"El ataque de migraña en su conjunto es muy complejo", señala Dussor. "No se trata solo de dolor. Es una serie de eventos que ocurren mucho antes de que comience el dolor de cabeza".
Los detonantes que se cree que desencadenan un ataque son igualmente variados: la falta de sueño y el ayuno sin duda provocan mis dolores de cabeza, pero otros pacientes señalan el chocolate, el queso curado, el café o el vino blanco como desencadenantes de los suyos.
El estrés parece estar estrechamente relacionado con la migraña en la mayoría de los pacientes y, curiosamente, también está la liberación del estrés; de ahí que los ataques de fin de semana sean un clásico.
Desencadenantes vs. síntomas
Si bien los científicos que estudian la migraña se han sentido desconcertados durante mucho tiempo por la gran variedad de desencadenantes, ahora un creciente número de investigaciones sugiere que muchos de estos podrían ser simplemente manifestaciones de síntomas tempranos.
Un paciente podría, de hecho, buscar inconscientemente ciertos alimentos en las primeras etapas de un ataque, como chocolate o queso, por ejemplo.
Esto significa que es fácil asociar el consumo de ese alimento con un detonante del ataque, pero este podría ya haber comenzado, indica Debbie Hay, profesora de Farmacología y Toxicología de la Universidad de Otago en Dunedin, Nueva Zelanda.
Personalmente, siempre me he preguntado si el perfume era el responsable de mis ataques de migraña.
Sin embargo, uso perfume a diario y me doy cuenta de que solo noto su aroma lo suficiente como para intentar culparlo de mi ataque los días que sí lo tengo.
Si no sufro un ataque de migraña, no suelo prestar demasiada atención a mi olor.
"Ese es un ejemplo clásico, y la atribución causal probablemente sea errónea", afirma Peter Goadsby, profesor de Neurología del King's College de Londres, Reino Unido.
"¿Qué pasa si, en cambio, durante la fase premonitoria de un ataque, eres sensible a los olores y percibes olores que normalmente no percibirías?".
Goadsby ha analizado escáneres cerebrales de pacientes con migraña que sienten que la luz desencadena su ataque y los ha comparado con pacientes que no suelen culpar a la luz de la aparición del dolor.
Solo los primeros presentaban hiperactividad en la parte del cerebro responsable de la visión justo antes de la migraña, lo que sugiere que, durante ese momento, estaban biológicamente preparados para ser más sensibles a la luz que sus contrapartes. "Sin duda, algo está sucediendo biológicamente", indica Goadsby.
Pero la búsqueda para descubrir cuál es ese mecanismo biológico subyacente ha sido larga.
El origen genético de la migraña
Estudios en gemelos muestran que existe un fuerte componente genético y que si tus padres o abuelos padecieron migraña, es estadísticamente probable que también heredes la afección neurológica.
Los genes heredados parecen influir en aproximadamente entre el 30 y el 60% de las personas que padecen migraña, mientras que otros factores externos acumulativos, como la historia de vida, el entorno y el comportamiento, explican el resto, acota Dale Nyholt, genetista de la Universidad Tecnológica de Queensland, Australia.
Nyholt está examinando a miles de personas para encontrar los genes exactos que se salen de control, pero la búsqueda ha sido "más compleja de lo que esperábamos", dice.
En 2022, analizó los genes de 100.000 pacientes con migraña, comparándolos con los de 770.000 personas sin migraña.
Identificó 123 "snips de riesgo" (pequeñas diferencias en el código genético de las personas) asociados con la migraña.
Ahora está realizando otra prueba con 300.000 pacientes con migraña con la esperanza de encontrar más. Calcula que "probablemente haya miles".
Sin embargo, el análisis de Nyholt ya reveló que algunos de los marcadores genéticos implicados en la migraña parecen estar estrechamente relacionados con la depresión y la diabetes, así como con el tamaño de diferentes estructuras cerebrales.
Nyholt sospecha que existe una "constelación" de formas en que estos mismos grupos de genes pueden manifestarse como diferentes afecciones en el mundo real debido a cómo afectan al cerebro.
(Aún así, el equipo aún no ha podido identificar ninguno de los genes específicos en juego de una manera que sea útil para producir medicamentos).
Sangre vs. cerebro
Debido a la naturaleza pulsátil de los dolores de cabeza en muchas personas, uno de los principales sospechosos de los ataques de migraña solía ser la apertura de los vasos sanguíneos que conducen al cerebro y provocan un flujo abundante de sangre.
Pero los científicos nunca pudieron encontrar una correlación concluyente entre el flujo sanguíneo y la aparición de la migraña.
"No puede ser tan simple como 'el vaso sanguíneo hace X'", afirma Dussor. "Puedes administrar a cada ser humano un medicamento que provoque la dilatación de los vasos sanguíneos y no todos sufrirán migraña".
Esto no significa que los vasos sanguíneos no tengan nada que ver con la migraña: muchos de los genes de riesgo descubiertos por Nyholt en la prueba genética sobre el origen de la migraña son genes que ayudan a regular las venas.
Los vasos sanguíneos se dilatan de forma anormal durante los ataques y, de hecho, pueden encogerse con medicamentos para aliviar el dolor de la migraña.
Por lo tanto, aunque sin duda están involucrados en un ataque de migraña, podrían no ser la causa.
Sus efectos en la migraña podrían deberse a otros factores ocultos, como una liberación anómala de moléculas que causan dolor en las paredes venosas u otras señales que se envían desde las venas al cerebro, señala Dussor.
O su dilatación podría ser simplemente un síntoma de migraña, en lugar de una causa.
"La migraña se encuentra en la intersección entre lo que se llama neurología y psiquiatría", afirma Goadsby.
Los científicos de su escuela de pensamiento encuentran correlaciones entre la migraña y trastornos como convulsiones, epilepsia o accidentes cerebrovasculares.
"El desafío con todo lo que realmente involucra al sistema nervioso central es desarmar sus partes", explica Goadsby, de los componentes celulares del cerebro, su estructura y cómo la electricidad fluye a través de las neuronas.
Producción de ondas cerebrales
La teoría principal de los científicos que estudian el papel del cerebro en la migraña es que un ataque es una onda eléctrica lenta y anormal que se propaga a través de la corteza cerebral, conocida como depresión cortical propagada.
Esta onda suprime la actividad cerebral y provoca la activación de los nervios cercanos que producen dolor, lo que activa la alarma y desencadena la inflamación.
La onda de depresión cortical propagada básicamente "libera todo tipo de moléculas dañinas en el cerebro", afirma Michael Moskowitz, profesor de Neurología de la Facultad de Medicina de Harvard en Cambridge, Massachusetts, EE. UU.
Pero ¿por qué se origina esta onda rebelde? ¿Y a dónde se propaga? ¿Y cómo esta onda eléctrica provoca tantos síntomas? Aún es difícil de precisar.
En marzo de 2025, científicos captaron la onda en tiempo real mientras monitorizaban el cerebro de una paciente de 32 años como preparación para una cirugía.
La onda se detectó mediante 95 electrodos insertados en su cráneo. Se propagó desde su corteza visual —lo que explica por qué algunas personas tienen sensibilidad a la luz y visiones de auras, explica Moskowitz— y luego, durante 80 minutos más, por todo el cerebro.
La variación en la naturaleza de la onda ayuda a explicar por qué algunas personas solo experimentan un aura, otras experimentan un aura antes del dolor de cabeza y hay quienes experimentan dolor de cabeza antes del aura, dice Moskowitz. Esto depende de los patrones de la onda.
Sin embargo, la depresión cortical propagada también explica otros síntomas neurológicos que se presentan durante un ataque de migraña, como fatiga, bostezos, confusión mental y antojos de ciertos alimentos.
Otro estudio con un solo paciente también sugirió que una pequeña región en lo profundo del cerebro, llamada hipotálamo, se activa de forma extraña un día antes de un ataque de migraña.
Después de todo, el hipotálamo también participa en las respuestas al estrés y en el ciclo sueño-vigilia, desencadenantes comunes de la migraña. Pero se necesitan estudios más amplios para comprender su función.
Sin embargo, es fundamental que ni la corteza visual ni el hipotálamo sean la ubicación del dolor migrañoso.
El dolor de cabeza se siente en las fibras nerviosas de las meninges (la gruesa y gelatinosa membrana externa de tres capas del cerebro) y a través de un grueso haz nervioso llamado ganglio trigémino, que conecta las meninges con los estímulos de la cara, el cuero cabelludo y los ojos.
Por eso siento mi ataque de migraña detrás de la cuenca del ojo y hasta la mandíbula.
Así que algunos científicos creen que esta membrana viscosa que rodea el cerebro podría ser la clave para comprender las migrañas.
Entran en escena las meninges
Las meninges están repletas de células inmunitarias cuya función es proteger el cerebro y, cuando se estimulan, las moléculas que liberan pueden desencadenar una inflamación que puede afectar a las neuronas del otro lado de las meninges.
Dussor y otros autores plantean la hipótesis de que una respuesta hiperactiva de estas células inmunitarias podría desencadenar la migraña.
Esto podría explicar por qué los ataques de migraña parecen ser estadísticamente más comunes en personas con rinitis alérgica y fiebre del heno, y anecdóticamente más frecuentes durante la temporada de alergias, ya que alérgenos como el polen podrían activar estas células inmunitarias.
Existen otros indicios de que las meninges podrían ser el vínculo vital entre los desencadenantes ambientales y lo que ocurre posteriormente en el cerebro.
A lo largo de esta membrana se encuentran estructuras capaces de detectar cambios en la acidez, que podrían deberse a fluctuaciones fisiológicas, inflamación cerebral o una onda eléctrica anormal que suprime la actividad cerebral.
Cuando detectan que las meninges se vuelven más ácidas, envían señales eléctricas para activar las fibras del dolor implicadas en los ataques de migraña.
Otras partes de las meninges responden al calor y al frío de forma similar. Esto podría explicar por qué algunos pacientes encuentran alivio para sus dolores de cabeza con compresas de hielo o cojines calientes.
Las fluctuaciones hormonales también se consideran a menudo culpables.
Muchas pacientes reportan ataques de migraña al inicio de su ciclo menstrual, y las investigaciones han demostrado que una familia de moléculas conocidas como prostaglandinas puede tener un efecto drástico en la dilatación de los vasos sanguíneos cerebrales.
El coctel de moléculas de la migraña
Es probable que todos estos factores variables actúen de forma interrelacionada.
"Creo que, en última instancia, puede que haya un denominador común, pero existen múltiples vías para la migraña", sostiene Amynah Pradhan, directora del Centro de Farmacología Clínica de la Universidad de Washington en San Luis, EE.UU.
"Pero creo que puede haber más que eso, dentro de una misma persona. Hay múltiples maneras de contraer migraña y cada persona tiene un coctel de factores en juego".
Aun así, la búsqueda de un bioindicador molecular estándar y objetivo de qué hace que un cerebro sea migrañoso no ha terminado, y uno de los avances más significativos de los últimos años provino de la búsqueda de una de estas moléculas.
Los investigadores han identificado niveles inusualmente altos de un tipo de neuromodulador llamado péptidos relacionados con el gen de la calcitonina o CGRP.
Estas pequeñas proteínas actúan como reguladores de intensidad para aumentar o disminuir la actividad y la sensibilidad neuronal.
Durante un ataque de migraña, parecía haber niveles más altos de estas proteínas, pero también parecen ser mayores en personas que experimentan migraña incluso cuando no están sufriendo un ataque, según una investigación de Goadsby y su equipo.
Este descubrimiento ha dado lugar a la comercialización de nuevos fármacos dirigidos a los CGRP para detener un ataque de raíz o prevenirlo, un avance farmacéutico que ya ha aliviado el dolor de una gran población de pacientes de una forma que otras intervenciones no habían logrado.
En un estudio realizado en octubre de 2025 con más de 570 pacientes que recibieron CGRP durante un año, el 70% logró una reducción del 75% en la frecuencia de sus ataques de migraña y aproximadamente el 23% los eliminó por completo.
"Sería fantástico encontrar un marcador molecular para la migraña, especialmente a medida que iniciamos el tratamiento y queremos determinar quién responde y quién no", expone Monteith.
Sin embargo, las mediciones sanguíneas que detectan picos de CGRP reflejan principalmente los mecanismos periféricos del cerebro, dice Pradhan.
Nadie sabe realmente por qué los CGRP aparecen con tanta abundancia en esa zona del cerebro durante el ataque.
Probablemente sigan siendo solo pequeñas piezas de un gran rompecabezas, sobre todo porque la migraña se considera cada vez más una enfermedad crónica, similar a un espectro, que afecta a todo el cuerpo.
"Creo que hay muchas oportunidades para seguir estudiando y profundizar en ello", concluye Pradhan.
Aunque esto suena bastante desalentador, y aún no calma el dolor de cabeza que siento cada semana cuando llega un ataque, también me da fuerza saber que la ciencia está develando poco a poco el misterio de la migraña y que, aunque no existe una solución universal, podría haber diversas opciones que confluyan.
"Apenas estamos explorando lo que está sucediendo con la migraña", afirma Pradhan.
Este artículo apareció en BBC Future. Puedes leer la versión original en inglés aquí.
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