Sábado 15 diciembre 2018

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#LaComidaNoSeBota: del hashtag a la acción

Autor: Colaborador | Publicación: Lunes 12 diciembre, 2016


Desde que éramos pequeños nos dijeron en repetidas ocasiones: “cómase todo, no deje nada en el plato”. 
 
En aquel momento, las circunstancias eran distintas, era la época cuando en muchas casas aún había árboles de naranja, de mango o de limón; el almuerzo lo cocinaba la abuela o la mamá y a veces tocaba comer dos o tres veces la misma preparación; los alimentos eran menos procesados y comíamos menos en la calle. Era la época cuando nos decían en la escuela que el agua era un recurso renovable y en la que nosotros no nos comíamos todo, porque no nos gustaba lo que nos servían.
 
Ahora nuestra situación es otra, la cantidad de alimentos que producimos actualmente es exorbitante; nunca antes habíamos tenido tantos recursos tecnológicos y científicos para producirlos más y mejores.
 
El mercado nunca antes había sido tan agresivo al ofertar sus productos, ahora es fácil imaginar supermercados con ofertas 2x1, comida desbordarse en góndolas, bufés de modalidad “todo lo que pueda comer”, y así, una serie de cosas que nos muestran abundancia.
 
En aquella época, así como en esta, hemos sido muy afortunados, pero tenemos que ser realistas: nunca antes ha habido tanto derroche, nunca habíamos sido tan poco conscientes del valor de la comida. 
 
La cantidad de recursos que se requieren para producir un solo alimento es incalculable y cada vez que botamos algo a la basura, nos damos el lujo de tirar por la borda todo el esfuerzo realizado. 
 
En la actualidad, según datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) un 30% de los alimentos que se producen en el mundo termina en la basura. 
 
Si se revisan las implicaciones nos podemos sorprender en términos económicos, ya que hablamos de más de $750 mil millones perdidos en el mundo; en términos ambientales, si el desperdicio fuera un país sería el tercer emisor de gases de efecto invernadero después de Estados Unidos y China; y en términos sociales si esa cantidad fuera bien distribuida se podría alimentar dos veces a toda la población del mundo que enfrenta escasez. 
 
Estas implicaciones y algunas más, son las que han hecho que varios grupos de ciudadanos se unieran con una clara motivación: frenar el desperdicio.
 
Con esta misión nació Proyecto Plato Lleno, en Argentina en 2013, una iniciativa que busca recuperar la comida que no llega a ser consumida en los eventos y la distribuye en comedores en riesgo social. 
 
Este proyecto se ha ido diseminando hasta llegar a Costa Rica, primer país de Centroamérica en repetirlo. 
 
Desde el 15 de setiembre de este año constituimos Proyecto Plato Lleno Costa Rica, a la fecha, hemos evitado que más de una tonelada de comida se bote, pero tenemos claro que la tarea es titánica y tenemos muchos retos.
 
El primero es que empresas, sociedad e instituciones comprendamos que cuando desechamos un alimento, estamos apenas abriendo la llave de la serie de problemas que esto genera. 
 
Es importante también que las personas comprendan, que dar un me gusta en redes sociales no es ayudar. En Proyecto Plato Lleno seguimos buscando quienes se identifiquen con esta causa y nos ayuden a que la tarea se siga haciendo de manera constante y persistente.
 
En el proyecto la premisa es clara, hemos abandonado la posición conformista de ver de largo los problemas y criticarlos, y pasado a la posición activista de hacer algo por solucionarlos. 
 
Buscamos personas comprometidas en pasar del hashtag a la acción, todos podemos hacer un cambio desde el lugar en el que estamos, pero entendiendo que el cambio es ahora. 

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