Nota de Tano
Gaetano Pandolfo [email protected] | Martes 22 noviembre, 2016
Su gallardía lo llevó a ser capitán del Saprissa
“Lo conocí de 17 años y quería matar a todos los rivales en el buen sentido del término, dentro de la cancha”, dijo Walter Centeno, al recordar a su amigo y compañero de equipo Gabriel Badilla.
Yo también quería descifrar al “Gladiador” de alguna manera y en estas palabras del “Paté” encontré la mejor definición.
¡Qué sangre la de este muchacho!
Me tocó calificarlo decenas de ocasiones en mi columna: “Así los Vimos”, y los conceptos para elogiarlo eran repetitivos: pierna, coraje, choque, respeto, gallardía y si había que dar, también se daba, pero jamás bajar la pierna.
Gabriel Badilla era una fiera en la cancha y esa forma de ser, de motivarse y de jugar lo condujo a la capitanía del Deportivo Saprissa, privilegio de los más grandes jugadores que han vestido el glorioso uniforme morado: Mario “Catato” Cordero, Guillermo “Coco” Hernández, Walter Elizondo, Marco Antonio Rojas, Heriberto Rojas, Fernando “Príncipe” Hernández, Édgar Marín, Ronald González, Víctor Cordero y muchas leyendas más.
Quizá no tenía físico de capitán, pero sí alma de capitán, coraje de capitán, liderazgo de capitán.
Su repentina y prematura muerte estremeció los cimientos del fútbol costarricense y paradójicamente murió uniformado de atleta en día de clásico. Quien fue vida de tantos clásicos se marchó pocas horas antes de una nueva edición.
Es bien difícil asimilar un golpe emocional tan fuerte; que muera una estrella del fútbol con 32 años de edad no lo digiere cualquiera y en estos momentos tan dolorosos no hay color de equipo.
Gabriel Badilla fue una estrella del fútbol costarricense y lo representó con dignidad en el Mundial de Alemania y en el Mundial de Clubes en Japón.
Joven alegre, simpático, muy bien parecido, sintió el respaldo que sentíamos los costarricenses por su carrera deportiva, cuando tuvo su delicado problema de salud hace un par de años del que gracias a Dios salió bien librado.
Hoy, ese mismo pueblo futbolero lo veló masivamente en el gran escenario de sus éxitos deportivos y lo acompaño a su última morada.
Un número 16 gigante quedará estampado en lo más alto del estadio Ricardo Saprissa para inmortalizar a este pequeño gigante.
Se nos fue “El Gladiador” pero en cada metro de zacate de la Cueva del Monstruo, quedaron sembradas semillas de su sangre. Por eso, Gabriel Badilla nunca morirá.
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