Nota de Tano
Gaetano Pandolfo [email protected] | Martes 07 mayo, 2013
Hasta el caballeroso Orlando de León se “cabrió” cuando los periodistas le dijeron que había fracasado como técnico del Herediano.
Los entrenadores costarricenses han heredado de sus colegas suramericanos el rechazo del término fracaso: no les agrada para nada la palabrita y la revisten de frases y conceptos a su conveniencia.
El diccionario dice que “fracaso es un resultado adverso de una empresa o negocio”. Como vemos, no es una definición de algo muy fuerte o caótico, como lo quiso hacer ver Manuel Keosseian.
El hecho de que Liga Deportiva Alajuelense no se haya clasificado para las semifinales del campeonato, no deja de ser una adversidad y si vemos el fútbol como negocio, que lo es, el no jugar las instancias finales es un severo golpe a las finanzas del club, por más que don Raúl Pinto manifieste que su tesorería no urge de las recaudaciones que se perdieron por no clasificar.
La excusa que están dando los entrenadores suramericanos y varios de los nuestros para no aceptar que fracasaron, nos hablan de trabajo, honestidad, entrega, profesionalismo y eso de que… lo dieron todo…
Hace un par de años o poco más, cuando Juan Diego Quesada fue destituido como técnico de la Universidad de Costa Rica, un colega le preguntó qué opinaba de “su fracaso” y el manudo respondió: “cuál fracaso, a caso he matado a alguien, yo regreso a casa con la conciencia tranquila”.
Me parece que don Manolo y otros colegas suyos están confundiendo los términos y los conceptos a su conveniencia.
Llegar temprano a los entrenamientos, trabajar a toda máquina, actuar profesionalmente y entregarse al máximo son obligaciones de cualquier trabajador responsable; desde un misceláneo, obrero, profesional o técnico de fútbol. El cumplir con las obligaciones de una relación laboral no eximen al empleado ni al patrón de un fracaso.
Alajuelense como un todo fracasó estruendosamente en el presente campeonato. Fracasaron dirigentes, jugadores y el cuerpo técnico.
No asimilar el término fracaso porque se “levantaron temprano, entrenaron fuerte y lo dieron todo”, es una excusa que solo puede caber en profesionales que por falta de humildad no lo aceptan.
Si se repasa lo que dice el diccionario de la palabra fracaso, no habría que tenerle tanto rechazo; se trata de una adversidad que si se acepta, más bien debe servir para crecer y redoblar esfuerzos en procura de que no se repita.
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