Nota de Tano
Gaetano Pandolfo [email protected] | Miércoles 26 junio, 2013
João Havelange fue un capo de la FIFA por muchísimos años.
Vivió de sus placeres a cuerpo de rey.
Cuando su viejo y demacrado cuerpo le impidió disfrutar de la “dolce vita” propia de su cargo, se retiró y se dedicó a trabajar a nivel de la transnacional del fútbol para que su yerno, Ricardo Texeira “hiciera carrera” en la organización.
El esposo de la hija de Havelange, heredero de una fortuna en dinero y placeres, ni lerdo ni perezoso puso manos a la obra y desde la presidencia de la Federación de Fútbol de Brasil, se dispuso a ocupar algún día la silla de su familiar político.
Lo que sucede es que a doña FIFA, a ratos le da por limpiar la mesa repleta de embutidos de pésimo olor y de pronto sus nuevos jerarcas, como el señor Joseph Blatter, en apariencia y solo en apariencia más “honesto” que sus antecesores, pasan la escoba y barren la suciedad y por ahí se fue al cajón de la basura nuestro querido amigo Jack Warner, un vendedor de votos espectacular, cuyos malos pasos eran conocidos en toda la dirigencia de Concacaf, que guardó sepulcral silencio, pero la barredora de la doña viajó hasta Brasil y de pronto Havelange y Texeira son acusados de una diversidad de delitos penales que los dejan, no en paños menores, sino completamente chingos.
Entonces, desde hace tres o cuatro años, los apellidos de este par de “notables” dirigentes del fútbol brasileño, acapararon las portadas de la prensa deportiva local, les han sacado absolutamente todos los trapos sucios y el deporte preferido de ese apasionado país futbolero se inundó de una fetidez que se extiende, que perdura, que no termina y cada día que pasa huele más a podrido en la tierra de los pentacampeones del mundo.
Es cuando llegan a Brasil las sedes de la Copa Confederaciones y el Mundial de Fútbol, suceso idóneo para que se presente una rebelión y una cadena de manifestaciones y protestas que el nivel mundial del evento transmitirá a todo el planeta.
Toca analizar a los que saben del tema, si esas protestas multitudinarias en las ciudades más conocidas del Brasil, son por los aumentos en los buses o el pésimo estado del metro o más bien, una protesta de connotaciones mundialistas, contra la FIFA, pésimamente representada en ese gran país por dos de sus hijos nada pródigos: João y Richard.
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