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NOTA DE TANO


Nota de Tano

Gaetano Pandolfo [email protected] | Jueves 20 febrero, 2014

Gaetano Pandolfo

La Ley para la Prevención y Sanción de la Violencia en Eventos Deportivos tiene madre: la diputada Damaris Quintana; ella parió la criatura.

Pero también tiene padre: la UNAFUT.

La organización que lidera Osvaldo Pandolfo se empeñó en cooperar en la redacción de esta ley y los pasillos del primer poder de la República son los mejores testigos del esfuerzo.

Finalmente vio la luz, pasó al Ministerio de Deportes y se guardó en una gaveta.

Había que aprobar un reglamento para que la ley empezara a funcionar; pasaron días, semanas y meses y nada se activó hasta que se dieron los actos violentos del domingo anterior.

Entonces sí.

Los encargados de apurar la aprobación del reglamento abrieron la gaveta, quitaron las telarañas, desempolvaron y se lo enviaron al Poder Ejecutivo para que lo firmara antes de que se venciera el plazo.

Doña Laura mandó el zurdazo, lapicero en ristre y don Mario Zamora se subió al púlpito y pronunció un discurso más enredado que el de “Liberticia” en París.

Fácil deducir que de no presentarse los actos vandálicos en el juego entre brumosos y manudos, el ahora publicitado reglamento se hubiera quedado dormido en el archivo, pues solo quedaban cinco días de tiempo para aprobarlo.

Desde luego que algunos (as) se robaron el mandado, pero el mérito corresponde a doña Damaris y a la UNAFUT.

A raíz de los lamentables sucesos vandálicos que tienen mareado el entorno futbolístico del país, no deja de sorprendernos el terror que inunda a la dirigencia del Alajuelense, temerosa de que se les desplome la recaudación del clásico.

Hoy en el fútbol nacional hay dos noticias claves.

1.- La violencia en los estadios y sus derivados.

2.- Especular cuánta gente irá al clásico.

La venta de entradas para el clásico es noticia relevante y don Raúl Pinto y sus compañeros de directiva se comen las uñas, tragan calmantes y no duermen pensando en la recaudación. Comprendemos las carreras de nuestros dirigentes, apreciamos que trabajen gratis, pero esa obsesión por el dinero que incluso los lleva a apoyar el ingreso de las ultras no es sano.

¿Qué importa que la recaudación del clásico se venga abajo?

¿Va a quebrar acaso la tesorería liguista?

¿No acaban de firmar a dos veteranos con salario millonario, para que miren los partidos del equipo desde las gradas?

Por un lado botan los dólares y por otro, se desgarran por unos cuantos colones de menos.


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