Nota de Tano
Gaetano Pandolfo [email protected] | Miércoles 12 marzo, 2014
Madrid. Los jugadores del Atlético de Madrid les regalaron 25 mil banderas rojiblancas a sus seguidores; el equipo colchonero sumaba 17 años de no clasificarse a los cuartos de final de la Champions; dicen que la ocasión la pintan calva y el triunfo 1-0 en el juego de ida en San Siro, combinada con la mala racha del Milan que está en la calle y además, el gran momento del cuadro del Cholo Simeone, más 84 mil gargantas, menos la mía, apoyando en el Vicente Calderón, no podían dar como resultado otra cosa que esa paliza 4-1.
Para los que salimos del infierno ya nada nos asusta, pero se me pararon los pelos al mirar saltar a la grama a ese equipo y un coliseo que revienta y esas banderas que asemejaban luciérnagas a mitad de la noche. Dentro de ese océano rojo y blanco, vimos ondear una bandera gigante de Costa Rica detrás del marco de Abbiati.
Si el Milan quería llevarla suave y jugar un partido de Champions al estilo italiano, buscando un gol que empatara la serie, para después decidir qué hacer con el resto de los minutos, se le jodió la cosa porque el Atlético de Madrid sentenció la serie muy temprano. A los ocho minutos una combinación entre Gabi y García termina con un centro al corazón del área y ahí cierra sin marca Diego Costa a la red.
Este gol, que ponía la serie 2-0 ayudó muchísimo al espectáculo, porque el Milan se vio obligado a salir del encierro y a jugar fútbol. Tiene clase este equipo por más mal que esté; los italianos empezaron a tocarla, a buscar espacios, sincronizaron su juego y en el minuto 23 montaron una jugada de pases seguidos que mereció el aplauso de la concurrencia.
Fue el prólogo del empate, justo porque Milan jugaba mejor. Nuevo ingreso de los discípulos de Clarence Seedorf, centro de Poli al segundo palo y cierre de cabeza de Kaká. Desde luego que la anotación avivó a la visita y sacaron su técnica Essien, Poli y Taarabt, pero cuando mejor jugaban los italianos, metió el gol el Atlético de Madrid de manera injusta.
Un rebote de Bonera en corto lo prendió Arda Turan, remate inofensivo que sin embargo pegó en el cuerpo de Rami y engañó la acción de Abbiati. La bola se desvió y entró en los cordeles en cámara lenta.
El segundo tiempo solo tuvo una cara, la colchonera, sobre todo que Milan se cayó físicamente, permitió dos goles inocentes y naufragó ante un poderoso club que jamás desperdiciaría lo que dictaba el destino para su noche. Su noche mágica.
El Atlético volvía a los cuartos de final.
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