Nota de Tano
Gaetano Pandolfo [email protected] | Lunes 30 junio, 2014
¡Qué partido, Dios mío; qué partido!
¡De infarto!
Estábamos notificados de que el fútbol costarricense se presentaba al juego más relevante de su historia; la instancia, octavos de final de un Mundial de Fútbol era idéntica a la de Italia 90, cuando en Bari, Costa Rica se enfrentó a lo que es hoy la República Checa, pero los previos resultaban distintos.
Eso de liquidar a tres excampeones del mundo ni por asomo se había presentado en el “grupo italiano”, donde mordieron el polvo Escocia y Suecia, selecciones de menores credenciales que las del publicitado “grupo de la muerte”.
Tampoco la derrota frente a Brasil nos traía gratos recuerdos.
Ayer, Grecia se presentó tal como es.
Equipo ordenado, fuerte, rocoso, duro en defensa, incómodo en ataque; los azules son agazapados, se enconchan, presionan, meten pierna y se lanzan al contraataque con poca técnica que les es escasa, pero con potencia física. Cuesta mucho sostenerlos y anularlos.
De ahí que el 1-0 logrado por Bryan Ruiz en el minuto 52 parecía suponer el principio del fin para los griegos, que ahora debían de abrirse en procura del empate, lo que dejaría espacios libres para los nuestros. En Tiquicia todos nos frotábamos las manos.
Sin embargo, muy pocos minutos después, 14 para ser exactos nos amarramos al drama, suspenso y sufrimiento cuando fue expulsado Óscar Duarte y quedamos en desventaja numérica, ante un adversario que estaba dispuesto a darlo todo y morir en la cancha mínimo por el empate.
¡Se nos vino Grecia encima!
El partido se infartó porque en cada avance de los griegos quedaban en el alma de los ticos jirones desprendidos de sufrimiento. Estaba en juego el pasaporte a los cuartos de final. En otras palabras, estaba en juego la visa a la inmortalidad.
Miles de compatriotas cerraron los ojos; centenares no quisieron ver nada más; otros se metieron debajo de la cama a la espera de los acontecimientos.
¡Y nos empataron!
Media hora para soportar a una de las selecciones más incómodas del mundo, desgastados física y anímicamente por el contraste en el cierre y con un hombre menos.
Jorge Luis Pinto transmitió una imagen desencajada y preocupante.
El camino al cielo se presentaba repleto de espinas.
No ha habido en toda la historia del fútbol costarricense media hora más dramática que esta. Si algún tico todavía tiene uñas que lo reporte.
Sobrevivieron; luego penales y Keylor.
¡Oh Keylor!, las carajadas que se le ocurren.
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