Nota de Tano
Gaetano Pandolfo [email protected] | Lunes 11 abril, 2016
Deseo retomar el tema de los arbitrajes en el fútbol costarricense, luego del comentario que escribimos la semana anterior.
José Fabio Pérez Merino, empresario y compañero de colegio me hizo un análisis convincente de lo que acontece en el arbitraje criollo.
Recuerda que en las décadas 50, 60 y hasta 70, los futbolistas y los árbitros eran iguales, en el sentido de que más del 90% jugaba y arbitraba mientras trabajaba en otra cosa.
“Muy pocos jugadores iban a la Universidad; trabajaban en bancos, fábricas, con el gobierno; al mediodía entrenaban a la carrera un par de horas y luego regresaban al trabajo. Los árbitros también”, dice Fabio.
Por decirlo popularmente: estaban igualados.
Sin embargo, después de Italia 90 el fútbol costarricense marcó un antes y un después y dentro de nuestro medio, el futbolista se profesionalizó, al punto de que hoy la inmensa mayoría se dedica solo a jugar al fútbol, pero los árbitros no.
Juegan el campeonato decenas de futbolistas que viven del fútbol, pero arbitran jueces que pitan y siguen trabajando en otras partes.
En otras palabras, no hay un solo árbitro costarricense que viva de su trabajo; los jugadores sí. Y es aquí donde se marca una gran diferencia que se refleja a la hora de pitar.
Los árbitros nacionales llegan a los estadios y vienen de laborar en una oficina, una maquila, una empresa y se topan con un actor profesional que gana muchísimo más dinero que él y solo se dedica a jugar al fútbol.
Pero: la autoridad es él. Él es el que manda.
Entonces puede que revienten complejos de inferioridad, escasa formación y poca autoestima y es cuando el árbitro encara a un jugador y le saca tarjeta amarilla o con cara de pocos amigos le muestra la roja en su nariz.
Se presenta un comportamiento o una actitud prepotente de parte del juez “al condenado”.
¡Usted podrá ganar mucho dinero, pero yo soy el que mando!
En países futbolísticos más desarrollados, desde México hasta el Viejo Continente y desde luego Suramérica, los árbitros profesionales viven de su trabajo. Solo arbitran; ganan muy bien, incluso algunos más que el futbolista y esto se transmite a la cancha. Existe la autoridad; se da; en el fútbol costarricense varias veces se inventa.
Es urgente profesionalizar a los árbitros costarricenses, capacitándolos y pagándoles bien para que se dediquen tiempo completo a su trabajo. Esto mejoraría muchísimo el arbitraje nacional.
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