Nota de Tano
Gaetano Pandolfo [email protected] | Jueves 15 abril, 2010
No estuve presente en el estadio Ebal Rodríguez y lo que vi fue lo que presentó la televisión.
Sin embargo, meto las manos al fuego por el portero santista Pablo Camacho, básicamente por antecedentes; carrera; profesionalismo; honestidad, responsabilidad y ejemplo.
Sin conocerlo personalmente, ni haber conversado con él medio minuto, le creo absoluta y totalmente la versión que dio a la prensa, sobre su caso específico.
“Lo que recuerdo es que cuando hicimos el 2-1 me fui corriendo para la gradería de sol a festejar con la gente de Santos. Me hinqué, hice gestos de alegría, me fui al marco, cuando vi que abrieron un portón de sol y que golpearon a un guarda.
Se metieron varios aficionados del Cartaginés y fueron a buscarme a mí. Uno venía con una piedra. Alcé los brazos para defenderme porque eran como cinco contra mí. Había pleito en otros sectores de la cancha y yo solo quería que no me hicieran daño.
No hice lo correcto; como jugador debo dar el ejemplo y tratar de no meterme en problemas, pero antes que eso uno es humano y el instinto es defenderse. Ya después llegaron los pleitos entre todos”, dijo Camacho a Al Día.
Este muchacho ha sido un futbolista ejemplar; suma una larga trayectoria sana y limpia, que no se puede comparar, ni por asomo, con la de otros jugadores, incluso algunos de los sancionados en el mismo y lamentable evento.
Comparar, por ejemplo, la trayectoria de Pablo, con la de la barra brava del Cartaginés, actora en este hecho específico, da un saldo de paz y equilibrio emocional a favor del portero, por goleada.
No se puede medir igual, a pesar de que en la bronca se igualaron todos, unos agrediendo y otros defendiéndose de la agresión, acción que por lógica los convierte también en agresores, a futbolistas que como Camacho, suman muchos años en el fútbol nacional con expediente limpio, no santo, con otros que participaron en el suceso desde diferentes posiciones, cuyo historial está marcado precisamente por la agresión, la expulsión y la bronca.
Sobra decir que estas sanciones monumentales y que parecen exageradas, ahorita se vienen abajo en el país del vacilón; es inaudito que el estadio guapileño no haya sido castigado, (por muchísimo menos cerraron el Lito Pérez el domingo), pero, de todos los actores, quien merece una revisión prioritaria del caso, es Pablo.
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