Nota de Tano
Gaetano Pandolfo [email protected] | Martes 22 noviembre, 2011
Siempre me ha parecido absurda y sin importancia, la relevancia que le dan los medios de comunicación deportivos al hecho de que un jugador que se formó en un club pero que juega en otro, a préstamo o porque lo vendieron, celebre o no las anotaciones que le hace “al equipo de sus amores”.
Y considero que la gota que rebasó el vaso sobre este intrascendente tema, se presentó el domingo anterior cuando el delantero del Santos, Alejandro Castro, le metió dos goles al Saprissa, equipo donde se formó y al que pertenece desde hace 11 años (juega cedido a los guapileños).
En un programa deportivo en la televisión, con lo caro que cuesta, le dieron más de 20 minutos a este único tema y en las entrevistas de radio y prensa escrita, el detalle de que Castro no festejara ninguna de sus dos anotaciones fue primicia.
Que alguien me explique qué importancia tiene este asunto.
Hace rato, como hace cinco años que esto ha sido un tema consecuente en los medios de comunicación y antes nadie le daba importancia a esto.
No recuerdo, por citar un solo ejemplo, cuando Juan Cayasso se fue del Alajuelense al Saprissa, si a la gente y a la prensa deportiva le interesaba o no si Juan celebraría un gol a la Liga uniformado de morado.
Es que es un asunto que no tiene la mínima trascendencia.
Ahora es noticia y de portada.
¿Si le mete un gol a la Liga va a brincar?, le preguntaron a Alejandro Alpízar cuando pasó al Saprissa.
¿Si le mete un gol al Herediano va a festejar?, le preguntaron a Minor Díaz cuando pasó a la Liga.
¿Si le mete un gol a Cartaginés, va a estallar de gozo?, le preguntaron a Esteban Granados cuando firmó con Orión, y así decenas de ejemplos.
Es más, si yo fuera Alejandro Castro, con 11 años de formación en el Saprissa; mundialista de Egipto; seleccionado a la Copa América en Argentina y con credenciales de goleador y el “equipo de mis amores”, no me da pelota, oportunidad de jugar y me presta, el día que les meta un gol, o dos, o tres, se los voy a cantar en la cara a sus dirigentes y a su cuerpo técnico, como desahogo y revancha.
Si a un atleta lo venden o lo prestan es, o porque no sirve o dudan de sus capacidades, porque siempre debe haber espacio para su talento. Entonces, les meto los goles y se los grito en la cara, en lugar de exhibir ese rostro de panteonero que puso Castro después de degollar a “su equipo”.
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