Por qué Sigmund Freud recupera su popularidad en épocas de crisis y autoritarismo (como ahora)
Carolyn Laubender - The Conversation* | Domingo 29 marzo, 2026
El psicoanálisis está atravesando un momento especial. Las cuentas en Instagram dedicadas a la teoría freudiana han alcanzado 1,5 millones de seguidores.
Los programas de televisión como la Terapia de Pareja de Orna Guralnik se han convertido en algo que no se puede dejar de ver. Artículos de opinión en The New York Times, The London Review of Books, Harper's, New Stateman, The Guardian y Vulture están declarando la resurrección del psicoanálisis.
Como lo describió Joseph Bernstein de The New York Times: "Sigmund Freud está regresando a la popularidad".
Para muchos, este resurgimiento llega como una sorpresa.
Durante el último medio siglo, el psicoanálisis -el movimiento intelectual y práctica terapéutica fundada por Sigmund Freud en la Viena de 1900- ha sido rechazado y denigrado en muchos círculos científicos. Particularmente en el mundo angloparlante, el auge de la psicología conductista y la creciente industria farmacéutica marginó las terapias de charlas largas como el psicoanálisis.
Pero hay una historia más compleja que contar. Durante la vida de Freud (1856-1939), 15 institutos psicoanalíticos se establecieron en todo el mundo, incluyendo Noruega, Palestina, Sudáfrica y Japón. Y alrededor del mundo -de París a Buenos Aires, de Sao Paulo a Tel Aviv- el psicoanálisis floreció contundentemente a través del siglo XX.
Por toda Sudamérica, el psicoanálisis continúa ostentando una enorme influencia clínica y cultural. Sigue siendo tan popular en Argentina que la gente bromea que no puedes tomar un vuelo a Buenos Aires sin que haya por lo menos un analista a bordo.
Hay varias razones por las que el psicoanálisis se volvió popular en algunos países mas no en otros. Una se relaciona a la historia de la diáspora judía del siglo XX.
Con la expansión del Tercer Reich, muchos psicoanalistas e intelectuales judíos huyeron de Europa central antes del Holocausto. Ciudades como Londres, que recibieron a Freud y toda su familia, fueron reformadas culturalmente por esta crisis de refugiados.
Pero otra razón, tal vez menos obvia, está relacionada al auge del autoritarismo. El psicoanálisis pudo haber sido creado y difundido en el crisol de la Europa en guerra, pero su popularidad frecuentemente ha surgido a la par de la crisis política.
Respuesta a la opresión
Tomemos a Argentina. A medida que el autoritarismo de izquierda del peronismo dio paso a la "guerra sucia" auspiciada por Estados Unidos, los escuadrones paramilitares de la muerte secuestraron, asesinaron y "desaparecieron" a unos 30.000 activistas, periodistas, sindicalistas y disidentes políticos. La pérdida, silencio y miedo envolvieron los mundos emocionales de muchos.
Sin embargo, al mismo tiempo, el psicoanálisis -con su interés en el trauma, la represión, el duelo y la verdad inconsciente- se convirtió en una manera significativa de luchar contra esta opresión.
Los espacios terapéuticos para hablar sobre el trauma y la pérdida se convirtieron en una técnica para responder, y tal vez resistir, a ese desastre político. En una cultura de mentiras del Estado y la imposición del silencio, el solo hablar la verdad era un ejercicio radical.
Muchos de los seguidores originales de Freud usaron el psicoanálisis de manera similar.
Rodeados de los horrores inexplicables del fascismo europeo, figuras como Wilhelm Reich, Otto Fenichel, Theodor Adorno y Erich Fromm consideraron el psicoanálisis, típicamente combinado con el marxismo clásico, como una herramienta esencial para entender cómo desarrollamos y deseamos personalidades autoritarias.
A medio mundo de distancia, en Argelia, el psiquíatra y activista anticolonialista Frantz Fanon se basó extensamente en el psicoanálisis para protestar contra los opresivos regímenes racistas del colonialismo francés. Para todos estos doctores y filósofos, el psicoanálisis era esencial para la resistencia política.
Algo parecido está sucediendo hoy día. A medida que surgen nuevas formas de autocracia multinacional, inmigrantes son demonizados y detenidos, y el genocidio es transmitido en vivo, el psicoanálisis prospera de nuevo.
Una herramienta para darle sentido a lo insensato
Para algunos, los neuropsicoanalistas como Mark Solms han aportado los lazos necesarios para elevar otra vez el psicoanálisis. En su nuevo libro, The Only Cure: Freud and the Neuroscience of Mental Healing ("La única cura: Freud y la neurociencia de la curación mental"), Solms usa su experiencia neurocientífica -específicamente su trabajo sobre los sueños- para argüir que la teoría de Freud del inconsciente estuvo acertada todo el tiempo.
De acuerdo con Solms, aunque los fármacos pueden ser temporalmente efectivos, sólo ofrecen soluciones a corto plazo. Únicamente los tratamientos psicoanalíticos, sostiene, pueden ofrecer un efecto curativo a largo plazo.
Pero Solms es sólo una de muchas de esas figuras en augue, el trabajo un grupo creciente de intelectuales clínicos ha devuelto el aprecio cultural al psicoanálisis. Donde Solms gira hacia la neurología, otros -incluyendo Jamieson Webster, Patricia Gherovici, Avgi Saketopoulou y Lara Sheehi- nos devuelven a la urgencia política del psicoanálisis.
Su trabajo resalta cómo los conceptos centrales del psicoanálisis -el inconsciente, la "pulsión de muerte", la bisexualidad universal, el narcisismo, el ego y la represión- ayudan a darle sentido a nuestro momento contemporáneo donde otras teorías se quedan cortas.
En un mundo de creciente mercantilización, el psicoanálisis resiste las definiciones comercializadas del valor.
Hace énfasis sobre el tiempo profundo en un entorno de poca capacidad de atención e insiste en el valor de la creatividad y conexión humana frente a un panorama abrumador de inteligencia artificial.
Desafía los conceptos tradicionales de género e identidad sexual, y prioriza las experiencias individuales del sufrimiento y deseo.
La razón del resurgimiento contemporáneo del psicoanálisis refleja aquellas que impulsaron sus anteriores olas de popularidad.
En momentos de turbulencia política, violencia auspiciada por el Estado y trauma colectivo, el psicoanálisis ofrece las herramientas para darle sentido a lo aparentemente insensato.
Provee un marco para entender cómo los impulsos autoritarios echan raíces en las psiquis individuales y se propagan a través de las sociedades.
Más aún, en una época donde las soluciones temporales y las intervenciones farmacéuticas dominan el cuidado de la salud mental, el psicoanálisis insiste en el valor de la atención sostenida a la complejidad humana.
Rehúsa reducir la angustia psicológica a los desequilibrios químicos del cerebro o a síntomas que tienen que ser manejados. En cambio, trata el mundo interior de cada persona como algo digno de explorar profundamente.
La resurgencia colectiva de intereses en el psicoanálisis también está actuando sobre la disciplina misma para que se transforme.
Antiguas suposiciones -como la idea que los terapeutas deben ser neutrales o que la heterosexualidad es la norma- están siendo desafiadas. Y la práctica psicoanalítica está siendo reinventada a lado de muchos movimientos de justicia social y solidaridad.
Este es un momento en el que muchos se están uniendo para reformular lo que el psicoanálisis puede ser.
Queda por ver si este renacimiento perdurará. Pero, por ahora, a medida que las crisis políticas se acumulan y los métodos terapéuticos tradicionales parecen ser insuficientes, las reflexiones de Freud sobre la psiquis humana están encontrando nuevas audiencias ansiosas de entender la oscuridad de nuestros tiempos.
*Carolyn Laubender es catedrática del Departamento de Estudios Psicosociales y Psicoanalíticos de la Universidad de Essex, Inglaterra. Su artículo en inglés fue publicado en The Conversation, cuya versión original puedes leer aquí.
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